La conectividad en el agro, un desafío clave


Para muchos el campo es el lugar ideal para “desconectarse”. No deja de ser paradójico que esta proverbial desconexión sea motivo de padecimiento para aquellos que trabajamos allí. Basta con alejarnos unos pocos kilómetros de los centros poblados para que el servicio desaparezca por completo.

Para subsanar estos inconvenientes son habituales las situaciones de encontrarnos subidos al techo de la camioneta o trepados al molino de viento esperando la aparición de la esquiva “línea” en el celular. Esta situación es una seria limitación a la digitalización del sector.

Lee también La torre de Babel y la revolución digital del agro

¿De qué manera los emprendedores de la revolución digital del agro se las ingenian para poder ofrecer sus propuestas en un entorno con tantas limitaciones?

La primera alternativa desarrollada ha sido la de permitir registrar los datos en un hardware determinado (ya sea teléfono, tableta o similar) para luego, una vez lograda la ansiada conexión, descargar toda es información para poder utilizarla. La mayoría de las plataformas agronómicas, posiblemente unas de las aplicaciones digitales más difundidas en el agro, operan con este mecanismo.

Los datos se registran en el momento, pero se utilizan y se analizan a posteriori. Una solución práctica pero imperfecta pues limita, precisamente, una de las ventajas de la digitalización: la inmediatez. Ello se hace evidente en las herramientas de monitoreo de aplicaciones de fitosanitarios o de agricultura de precisión.

Bajo esta operatoria, la información recibida “ex post” sólo tiene la validez de una bitácora o -peor aún- de una autopsia y no permite efectuar correcciones o controles en tiempo real, la intención original y más valiosa -sin lugar a dudas-.

La conectividad en el agro, un desafío clave

Una alternativa creativa desarrollada por algunas soluciones que no pueden aceptar este “retraso” en la información es -literalmente- crear sus propias redes. En este caso la oferta incluye una estación repetidora capaz de recibir la información y retrasmitirla hasta la tan ansiada red. Estas soluciones le permiten al usuario acceder a la información “on line” pero suponen un costo adicional que encarece -a veces significativamente- la solución ofrecida.

La otra restricción de este tipo de soluciones es que la cantidad de información que puede ser retrasmitida es muy limitada. Imposible pretender transferir grandes volúmenes de gigabytes bajo esta modalidad. Esta es, por ejemplo, la solución que propone la start up Bastó para permitir el monitoreo del ganado en tiempo real y -en el futuro cercano- construir cercas virtuales.

La necesidad de soluciones estructurales

Para poder transmitir volúmenes importantes de información “a campo” necesitamos soluciones estructurales. Con una tecnología similar a la que permitió la llegada de la televisión (y el futbol) al campo la internet satelital nos permite independizarnos de las torres de las redes móviles. Ya hay empresas que ofrecen servicios de internet satelital en ciertos territorios de la República Argentina con una aceptable capacidad para transmitir cantidades significativas de datos.

Una limitación de este tipo de oferta es que se trata de soluciones punto a punto. Ello quiere decir que la señal es recibida por un dispositivo (la antena) que a su vez la retransmite a una limitada área de influencia de unos pocos metros. Es una solución apropiada para facilitar la conectividad a hogares, oficinas, establecimientos y escuelas rurales y similares, pero no es la solución apropiada para resolver la conectividad de grandes superficies. A partir de la utilización de satélites de orbitas bajas (más cercanos a la superficie de la tierra) podremos superar esta limitación y los dispositivos podrán conectarse directamente a los satélites prescindiendo de las antenas de recepción (tal como sucede hoy con los teléfonos satelitales).

Una alternativa interesante como política de Estado

En el año 2015 la administración Macri creó el ENACOM, un ente autárquico con la intención de garantizar el acceso a los servicios de internet. En un raro ejemplo de continuidad en el año 2019 la administración Fernández adjudicó la frecuencia de 450 MHz para ciudades de menos de 100 mil habitantes ubicadas a más de 180 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires.

La frecuencia de 450 MHz es una alternativa interesante para conectar usuarios suburbanos y rurales de manera segura, estable y permanente ya que su señal llega a más de 30 km de distancia brindando una cobertura más amplia que la red móvil tradicional. De esta manera la conectividad ya no es punto a punto como en la internet satelital, sino que permite la conectividad de grandes áreas de superficie.

Lee también Cuatro claves para el liderazgo argentino en la revolución digital del agro

Una de las empresas adjudicadas, Alvis, ya ha comenzado a ofrecer sus servicios comenzando con las localidades de Chacabuco y Venado Tuerto. Gracias a esta tecnología la extensión de la frontera de la conectividad rural se seguirá ampliando.

¿Es esta una solución definitiva? Seguramente no, pero es un aporte interesante que permite ampliar la oferta de alternativas disponibles.

Hasta hoy, la baja densidad poblacional del sector rural lo hacía poco atractivo para las empresas proveedores de servicios de internet. En un claro ejemplo de relación causa-efecto, la revolución digital del agro comienza a cambiar esta ecuación: la creciente demanda de conectividad generadas a partir de las múltiples ofertas de servicios digitales agropecuarios comienza a convertir al sector rural en un segmento atractivo con un alto potencial de crecimiento.

La digitalización del sector contribuirá a hacer más eficiente la producción agropecuaria completando de esta manera el círculo virtuoso. No obstante, estoy convencido de que el campo seguirá siendo el lugar ideal para desconectarnos, sólo que para hacerlo tendremos que poner nuestro teléfono en modo avión.