Chiflados


De ninguna manera la salida inesperada en los octavos de la Champions iba a ser livianita para el plantel del Paris Saint-Germain. Aunque la reprobación tendrá un peso simbólico que, seguramente, quedará en las páginas de la historia del fútbol. Porque un 13 de marzo de 2022, los hinchas de un equipo silbaron con ganas, con fuerza y con bronca a Lionel Messi. Fue una pesadilla lo que transitó el crack argentino durante el partido ante el Bordeaux. Jugar a la pelota, eso que tanto le gusta, se transformó en un túnel del terror con esos chiflidos constantes cada vez que tocaba la bola, el precio que jamás pensó que iba a tener que pagar por ser el cabecilla de una asociación lícita de figuras. A los 34 años, cuando el rosarino creía que ya lo había vivido todo en el fútbol, conoció la parte más amarga y dolorosa: el rechazo de su propia gente.

De ahora en más, cada hora que la Pulga viva en Francia será todo un desafío. Porque quedó más que claro que a la tribuna del PSG le importa muy poco que estos jugadores ganen la Ligue 1. Habrá que ver qué ocurre a la hora de festejar, porque parece un hecho que el equipo de Pochettino saldrá campeón de la liga doméstica con varias fechas de anticipación. ¿Mitigará la furia y el despecho convertir al club en el más ganador a nivel local? Hay dolor. Se huele. Se nota. Los hinchas se habrán mareado o confundido un poco si creyeron que con una buena lluvia de euros se puede conseguir la gloria de un día para el otro: el PSG ahora es rico, sin dudas, pero en Europa no tiene ni por asomo el peso histórico del Real Madrid, Barcelona, Milan, Liverpool o el Bayern Munich… Parece que la camiseta todavía pesa.

La Pulga hizo un buen partido: el palo le negó el gol. (Photo by Alain JOCARD / AFP)

La Pulga hizo un buen partido: el palo le negó el gol. (Photo by Alain JOCARD / AFP)

Mbappé fue el único que salvó la pilcha. El delantero trató de animar a Leo en la entrada en calor, cuando al argentino ya lo salpicaron con los primeros silbidos condenatorios. Pochettino trató de hacer empatía con los hinchas luego de la victoria. Y no es tan irracional ponerse en la piel de los fanas: desde el arquero (Donnarumma es el actual mejor del mundo) hasta el último jugador, son figuras mundiales. Llegó Sergio Ramos, el líder del multicampeón Real Madrid. Messi, el mejor del planeta hace años. Estaba Neymar, el jugador más caro en la historia del fútbol y el mismo Mbappé, el señalado para ser el nuevo rey del fútbol. El tamaño del enfado, para los hinchas, es proporcional al brillo de sus futbolistas. De todos modos, cuando hay pasión de por medio las broncas pueden ser transitorias o permanentes. El escudo y el amor por los colores suelen ser un resorte para restaurar la relación con el equipo. Habrá que espera…

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En este lado del mapa, donde los logros obtenidos por un argentino como Messi despiertan orgullo y amor -más vale que hay antis, porque somos anti por naturaleza-, la reacción de los hinchas del PSG puede resultar como desmedida. Pero hay un dato no menor: Leo no tiene ningún tipo de vínculo afectivo con la historia del club, llegó a París sólo porque el Barcelona, el club que sí podría haberlo blindado en una situación de crisis porque la Pulga es un hijo de la cantera o porque le dio infinidad de títulos y alegrías, decidió darle salida. Si Mbappé viniera a Boca o River y jugara por debajo de su nivel de estrella mundial y quedara eliminado de la Libertadores con un equipo lleno de otras figuras, ¿no lo silbarían? Si el Muñeco Gallardo dirigiera al Barcelona y le va mal, ¿no lo criticarían? En la Copa América de 2011 que se organizó en Argentina, Lionel también fue silbado. Se comió muchos sapos más en la Selección hasta que se sacó las ganas de levantar la Copa América. Y ojalá que repita en Qatar.

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El día después de la Champions, el PSG se repuso con una goleada clara, con goles de Mbappé, Neymar y Paredes. No fue ninguna hazaña: paseó al último de la tabla. Messi jugó un buen partido, participó de los goles, la pidió siempre y no se escondió. Estaba triste, dolido y es obvio, porque él llegó al PSG justamente para ganar otra Orejona. El fútbol tiene estas cosas y está lleno de chiflados. Ahora les tocó a Messi y a Neymar. Pero el juego continúa. Y Leo lo sabe.



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