De jugar en potreros de Misiones a deslumbrar en la Copa América



El sueño de Yamila Rodríguez se amasó sobre una cancha de tierra colorada con arcos de madera. Allá en Posadas, Misiones, la pelota era todo. No importaba cuándo, dónde ni con quién. Ella y la pelota: se buscaban, se acariciaban, se querían. El barrio A 3-2, un complejo de 900 viviendas que albergó a los vecinos afectados por el llenado del embalse de la represa Yaciretá-Apipé, fue el escenario donde Yamila aprendió todo. Hasta ahí llegan los rastros de esta piba de 24 años que deslumbró en la Copa América.

El salto temporal nos lleva a la noche de este viernes en el estadio Centenario de Armenia, en Colombia. Yamila llora, habla y llora, enfrenta los micrófonos y llora. “¡Somos mundiales!”, dice con una emoción que le entrecorta las palabras. La Selección argentina le acaba de ganar a Paraguay y clasificó para el Mundial 2023. Y ella, la piba de Misiones, la del pelo corto y platinado, la de los tatuajes, fue la figura. Hizo dos goles en los últimos diez minutos para dar vuelta un resultado que ahogaba.

El universo de Yamila Rodríguez se podría sintetizar en tres pilares: Boca, la Selección y su familia. María Mareco, su madre, era la que le regalaba camisetas del xeneize cuando Yami era una niña. Así inoculó la pasión azul y oro en el adn de aquella piba que soñaba con goles en la Bombonera.

Pero antes de festejar goles de cara a la tribuna donde para La 12, hubo otra cancha que fue testigo de sus diabluras: el club Huracán de Posadas. Hasta que en 2015, con 17 años, fue convocada a la Selección argentina. Entonces el mundo se le abrió. Y apareció nada menos que Boca. Para aprovechar la oportunidad tenía que dejar Posadas para instalarse en Buenos Aires. Pero era una chance para cumplir su sueño xeneize y, además, poder vivir del fútbol.

Las cosas siguieron bien. En seguida llegó una oferta del Badajoz, de la liga de España. Y allá fue Yamila. Pero el desarraigo y la distancia hicieron lo suyo y seis meses después volvió al país para ponerse la camiseta de Boca. De nuevo con la azul y oro, se ganó un lugar en la historia: el 9 de marzo de 2019 se convirtió en la primera futbolista que convirtió un gol en un partido profesional. Fue en la Bombonera, ante Lanús. Después llegó un título. Y otro. Y la ayuda a su familia. Y los regresos al barrio misionero que ya la tiene como referente.

Este viernes, cuando sus dos goles le permitieron a la Selección clasificar al Mundial, Yamila reconoció: “Gracias a Dios se me abrió el arco, me querían agarrar de todos lados pero no pudieron. Creo que nunca me di por vencida”. Tal vez la clave esté en esa frase que lanzó en medio de la euforia y la emoción. Yamila peleó con las defensoras paraguayas, soportó empujones y esquivó manotazos, todo para quedar mano a mano y convertir. “Nunca me di por vencida”, dijo. Habla de los goles y también habla de su vida.

Con seis tantos, tiene la posibilidad de quedar como la goleadora de la Copa América, además de ser la figura de la Selección y la heroína del partido ante Paraguay. Los sueños de potrero se materializaron en el bello estadio Centenario.

 

El objetivo es disminuir la brecha con Brasil

Para que Sudamérica sea potencia del fútbol femenino las selecciones deben enfocarse en “disminuir” la brecha con Brasil, considera la entrenadora Emily Lima, primera mujer en dirigir la Canarinha. La brasileña es una autoridad del fútbol femenino en la región. 

En 2016 se convirtió en la primera mujer en entrenar una selección de mayores en Brasil. Tras 11 meses en el cargo se ganó la admiración de leyendas como Marta y Formiga, que se opusieron a su salida para darle paso a la actual adiestradora, Pia Sundhage. 

Durante su paso por Colombia, la DT señaló que las selecciones sudamericanas deben seguir los pasos de Brasil, la superpotencia de la región. “Mi sugerencia y mi cabeza está en pensar en llegar cerca de Brasil o disminuir este espacio que tenemos con Brasil y después de ahí empezar a pensar en un paso adelante” a nivel mundial.

Pero “las cosas ahí tampoco fueron de un día para el otro”, señala la entrenadora, enfatizando en que el balompié femenino tuvo que abrirse espacio en un mundo dominado por hombres.

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