Djokovic y la novela sobre su participación en el US Open



Mientras la ATP oficializó la segunda parte de su calendario con la cancelación de los cuatro torneos previstos en China -incluido el Masters 1000 de Shanghai- y la incorporación de seis ATP 250 con licencia de un año (es decir, están asegurados sólo por esta temporada), los organizadores de Flushing Meadows, el último Grand Slam, empiezan a recibir presiones cada vez más fuertes para que Novak Djokovic pueda jugar en Nueva York. Se sabe: el serbio reciente campeón de Wimbledon no puede ingresar a Estados Unidos por su decisión de no vacunarse.

Y muchas voces potentes se alzan a su favor a diario. Nada menos que John McEnroe dijo: “Tenemos que encontrar una manera para que Novak Djokovic pueda jugar el US Open”.

Más allá de estar de acuerdo o no con aquella determinación que le impidió, por ejemplo, jugar en Australia a principios de año, lo de Flushing Meadows es difícil de entender porque los jugadores estadounidenses no vacunados podrán participar en las canchas de cemento del Centro Nacional de Tenis Billie Jean King. Pero no Djokovic.

Otro sinsentido: en la edición 2021 del torneo fue obligatoria la vacuna para el público pero no para los tenistas; en la de 2022 será obligatoria para los jugadores (excepto los locales) y no para los espectadores.

El coronavirus no se terminó pero está claro que la situación sanitaria mundial no es la de hace dos años y tampoco la del año pasado. Flushing Meadows comenzará en cinco semanas y hay tiempo para corregir sus protocolos. Más allá de la responsabilidad que tenga Djokovic en esta historia, el tenis no puede darse el lujo de que una de sus “leyendas“ (así lo definió el propio McEnroe) no juegue uno de sus torneos más importantes.



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