el talentoso que conjugó el potrero con los libros y hoy ya es eterno


Raúl Madero fue un crack. Como las nuevas generaciones lo reconocen como “el médico del 86”, sus valores de futbolista quedan en el recuerdo de los viejos, en las antiguas crónicas periodísticas o en la memoria de compañeros y adversarios que lo sobrevivieron. Porque Madero murió. A los 82 años, en el día de la Nochebuena. Y dejó una Navidad tristísima en Estudiantes.

Fue un crack porque tenía las condiciones técnicas para serlo. Alto. Zurdo. Elegante. De buen pase. Con origen de volante central. Y con un espejo donde mirarse: Federico Sacchi, de quien su padre era admirador. Madero era un jugador del estilo del rosarino y le dio el toque de distinción al Estudiantes rocoso, luchador y corredor que construyó Osvaldo Zubeldía.

Había nacido en plena Segunda Guerra Mundial y durante la Década Infame, mientras el GOU se hallaba en estado embrionario, en mayo del 39. Era un chico “distinto” para la época, casi un bicho raro que coincidía el placer de jugar en el potrero hasta que la bajada del sol marcara el final con el estudio del piano. Tenía siete años cuando empezó a familiarizarse con las teclas. Y un poco más grande, jugaba al básquetbol en Racing.

Ya habían derrocado a Perón. Era 1956 y Madero tenía 17 años cuando una tarde llegó al café de Montes de Oca y Suárez donde “paraban” los antiguos compañeros del básquet. Pero el deporte no entraba en los planes del joven que preparaba el ingreso a la Facultad de Medicina. Aquellos viejos compañeros lo tentaron: “Jugabas bien al fútbol, ¿por qué no te probás en Boca?”. Boca quedaba a tiro de piedra del café. Y Madero fue. Y Madero quedó. Y encontró a quien reconoció como su maestro, el Nano Gandulla.

Raúl Madero, con la camiseta de Estudiantes.

Raúl Madero, con la camiseta de Estudiantes.

Jugaba bien de verdad el estudiante de Medicina, pero había demasiada competencia en Boca y no podía afirmarse en Primera. Apenas jugó cinco partidos, de modo que en 1962 aceptó pasar a Huracán. En el Globo hizo 15 partidos en 1962 y tampoco se afirmó. Y al año siguiente se fue al Estudiantes acostumbrado a pelear de mitad de tabla para abajo. Se recibió de médico con 24 años y jamás dejó de agradecerle a Gandulla las facilidades que le había dado para congeniar estudios y entrenamientos en la época de Boca. En La Plata, estaba por empezar la gran historia.

Casi como un capricho el destino, dos años después, al club llegó Carlos Bilardo, otro médico y un año mayor que él. Qué paradoja: Estudiantes tenía dos universitarios. Se estaba gestando lo que sería “La Tercera que mata” con los chicos de inferiores bajo la dirección de Miguel Ignomiriello. Y en ese mismo 1965 se sumó la pieza clave: Osvaldo Zubeldía.

Carlos Bilardo y Raúl Madero, en la vieja cancha de Estudiantes.

Carlos Bilardo y Raúl Madero, en la vieja cancha de Estudiantes.

Llevó tiempo armar el equipo que luego haría historia. Uno de los movimientos clave de Zubeldía fue dejar a Carlos Pachamé de 5 y pasar atrás, con el 3 en la espalda, a Madero. Y acomodó el resto. Aquel equipo tenía salida en largo con la pegada del arquero Poletti o con pelota dominada desde el manejo de Eduardo Manera en el lateral derecho y de Madero desde la cueva. Malbernat marcaba pero el manejo no era su fuerte. Aguirre Suárez era un gendarme temible para los delanteros rivales.

Madero hizo solo nueve goles en Estudiantes. Dos fueron decisivos. El partido fundacional se jugó en la Bombonera, semifinal del Metro 67 ante el formidable Platense que dirigía Ángel Labruna. Era baile y 1-3. El Pincha tenía un jugador menos por la lesión de Henry Barale y en esa época no había cambios. Verón y Bilardo pusieron un increíble 3-3 cuando se produjo una jugada insólita.

El arquero Hurt bajó un córner. Bilardo se quedó parado junto a él. Algo le dijo. Hurt le pegó una patada. Penal. “Todos se fueron para nuestro campo, nadie se animaba a patearlo y Zubeldía mandó a decir que lo pateara yo”. Madero puso el 4-3 en el arco del Riachuelo. La final con Racing fue en el Gasómetro: Madero hizo el primer gol, en el segundo tiempo, de tiro libre cobrado por Guillermo Nimo. Verón y Ribaudo cerraron el 3-0. Estudiantes campeón. El primer equipo que rompía la hegemonía de los cinco grandes.

Y luego la épica internacional. La primera Libertadores ganada al Palmeiras en partido desempate en Montevideo. La Intercontinental ante el Manchester United, 1-0 en la Bombonera, 1-0 en Old Trafford con el cabezazo de Verón por un centro de tiro libre de Madero.

Un verdadero animal

El doctor Raúl Madero murió a los 82 años.

El doctor Raúl Madero murió a los 82 años.

No hay crónica que ignore la anécdota de Madero con un periodista inglés en los días previos al partido revancha. El periodista le habló de los “animals”, sambenito que Estudiantes heredó de la Selección que dos años antes había jugado el Mundial, con la consabida expulsión de Rattin.

Madero escuchó “animals” y se sentó a un piano que había en el hotel y empezó a tocar. “¿Qué es”, le preguntó en inglés al cronista, “Chopin”, respondió el inglés. Madero tocó otra melodía. Volvió a preguntar y no obtuvo respuesta. Entonces le dijo: “Hay dos médicos en Estudiantes, yo soy uno. Toco el piano y hablo su idioma. Usted no es médico, no habla mi lengua ni toca ningún instrumento. ¿Quién es el animal?”.

Dejó el fútbol temprano, a los 30 años. Se dedicó a la medicina y no pensaba vincularse otra vez con el mundo de la pelota hasta que Bilardo tomó la Selección y lo convocó para que encabezara el cuerpo médico. No pudo negarse.

Madero, primero desde la izquierda, junto a Perfumo, Basile y Albretch en los Premios Clarín Deportivo 2013. Foto Marcelo Carroll

Madero, primero desde la izquierda, junto a Perfumo, Basile y Albretch en los Premios Clarín Deportivo 2013. Foto Marcelo Carroll

En México 86, Passarella se quedó afuera por una infección intestinal. Varios años después, el Kaiser dio a entender que le habían provocado la infección desde el mismo cuerpo técnico. Creyó que pagaba el precio de haber sido el capitán de César Menotti. Madero, luego de mucho tiempo, respondió: “Passarella fumaba y todas las noches se tomaba un whisky. Con hielo. Y se sabe que no se puede tomar agua en México si no es mineral. De dónde creyó que salían los cubitos”, dijo, palabras más, palabras menos.

Compañero de tantas aventuras, terminó distanciándose de Bilardo. Le recriminaba no haber ayudado a Pachamé y al profesor Echeverría a conseguir trabajo cuando se acabó el ciclo de la Selección, luego de Italia 90. Madero había vuelto a la medicina y era consultor de la FIFA. No se reconciliaron. Se fue Raúl Horacio Madero, el crack doctor. El fútbol lo lamenta. Estudiantes lo llora.



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