En la Copa Davis, el tenis ruso cerró una temporada fantástica



No fue un día más el del domingo pasado. En Madrid, el tenis ruso cerró un año increíble con la conquista de la Copa Davis, un trofeo que no ganaba desde 2006. Aquel año en el que la Argentina liderada por David Nalbandian recién cedió en el quinto punto en el estadio Olímpico de Moscú, Daniil Medvedev y Andrey Rublev tenían apenas 10 y 9 años respectivamente, y ambos soñaron en ese momento, tal vez, con estar en el lugar de Safin, Davydenko y compañía. Hoy ellos no sólo acaban de obtener su primera Davis -Medvedev no cedió un set en las finales y Rublev apenas perdió frente al español Feliciano López– sino que fueron los dos pilares más importantes de su país en la temporada.

El gran 2021 de los rusos arrancó temprano, en la Copa ATP. En Melbourne, los propios Medvedev y Rublev arrasaron, ganaron todos sus partidos perdiendo sólo dos sets en su camino al título y celebraron junto a Aslan Karatsev -que desde la semana siguiente se transformaría en la gran revelación de Australia al llegar a las semifinales desde la clasificación- y Evgeny Donskoy.

Ya en Roland Garros fue el turno de que las mujeres rusas entraran en acción. Anastasia Pavlyuchenkova llegó a la final y Elena Vesnina, junto al propio Karatsev, consiguió el título en el dobles mixto.

Luego llegaron los Juegos Olímpicos. Y en Tokio el Comité Olímpico Ruso -los atletas rusos no pudieron participar bajo su bandera como sucedió en las Copas Davis y Billie Jean King- ganó el medallero con un oro y dos platas producto de la final ganada por Rublev-Pavlyuchenkova en el dobles mixto y las finales perdidas por Karen Khachanov en el single y Karatsev-Vesnina en el mismo dobles mixto.

Más tarde, en Flushing Meadows, Medvedev logró su punto más alto del año al derrotar a Novak Djokovic en la final para no sólo impedirle al número 1 del mundo el Grand Slam sino para conseguir su primer título en un torneo de esa categoría que lo catapultó, definitivamente, para ser el gran enemigo del serbio de cara a 2022.

¿Hubo más después de Nueva York?Claro que sí. Porque antes de la Davis las rusas ganaron la Billie Jean King gracias a una enorme Liudmila Samsonova muy bien secundada por Daria Kasatkina, la propia Pavlyuchenkova y Veronika Kudermetova, quienes dejaron atrás, por ejemplo, al local República Checa, el favorito al título en Praga.

Además, el fin del año encuentra en el balance siete títulos en el circuito masculino (Medvedev ganó cuatro, Karatsev obtuvo dos y Rublev, uno) y cuatro en el femenino (Kasatkina logró dos y Kudermetova y Samsonova, uno cada una). ¿Más? Por supuesto, hay cuatro rusos en el top 100 (dos top ten) y ocho rusas entre las 100 mejores tenistas del mundo…

Rusia volvió a ser Rusia y hoy es otra vez una enorme potencia como lo fue en la década del 90 cuando Kafelnikov y Safin llegaron a ser números 1 del mundo o más tarde cuando Safina y Sharapova lograron una hazaña similar. ¿Cuáles son los secretos del nuevo éxito?En realidad, los de siempre:la escuela del famoso club Spartak de Moscú; Shamil Tarpischev, un hombre que es una pieza clave del tenis de su país desde que en 1974 se transformó en el capitán del equipo soviético de la Davis gracias a sus vínculos con las más altas esferas del poder cercano a Leonid Brezhnev; y la humildad para buscar el crecimiento en el exterior y, sobre todo, en canchas lentas. De ahí que muchos jugadores rusos desembarquen año tras año en las principales academias españolas para mejorar su juego en el polvo de ladrillo.

El tenis ruso es el gran candidato a volver a tomar el poder el año próximo. En 2021 ya lo hizo en ambas ramas. Fue un aviso que, en realidad, quizá vaya bastante más allá de la temporada que se viene.



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