Los reflejos de Scaloni: un equipo que cambia nombres y sistemas en cada capítulo de Qatar



Si la felicidad tiene mil caras, esta Selección que nos hace felices también. Porque el de Lionel Scaloni es un equipo multiforma. No es una, sino varias formaciones y esquemas a la vez. El entrenador cambia durante un mismo partido, o de un partido a otro. Cambia nombres o cambia sistemas tácticos, pero siempre muestra alguna variante con respecto al último episodio.

Ayer contra Australia quedó validado otra vez: Argentina no tiene 11 titulares, sino 15 o 16. Es una de las cualidades de este pasaje de la Scaloneta: sus rivales nunca tienen muy claro con qué se van a encontrar. Al ancho de espadas que significa tener a Messi en el equipo, se le suma esto: todo sirve para desorientar.

Esto también nos pone a prueba a nosotros y nosotras, porque durante todos estos años el equipo salía más o menos de memoria, y ahora no. ¿Está mal? ¡Por supuesto que no! Ya no es un equipo que sale de memoria, sino que se reinventa partido a partido, fase a fase de este Mundial en el que se descubrieron algunas piezas que desde ayer parecen inamovibles, como Enzo Fernández en el medio campo o Julián Álvarez en la delantera.

Scaloni cambia, y no lo hace por una razón, sino por varias. Puede ser por imponderables como la lesión de Ángel Di María; por nivel individual como sucedió con las salidas de Leandro Paredes o Lautaro Martínez; o por el rival de turno, como pasó ayer cuando entró Lisandro Martínez para pasar de una defensa de cuatro a cinco, con tres centrales y los dos laterales abocados a contener los avances australianos. Lisandro Martínez tuvo una salvada providencial cuando Aziz Behich se disponía a terminar una jugada maradoniana. 

Los cambios también hablan de un ánimo colectivo, de un manejo de grupo que hace que nadie reclame o se enoje porque sale o entra de la formación titular. Había que verlos ayer a Paulo Dybala y Angelito Correa –que todavía no sumaron minutos en Qatar– junto a Messi, De Paul o Cuti Romero, tres de los emblemas de la Scaloneta, para darse cuenta de que no hay divisiones internas ni malhumores infundados. Es fácil de advertir que el plantel disfruta de esta estadía en Qatar y que hashtag #TodosJuntos con el que la AFA o los propias futbolistas publican en redes sociales es bastante más que eso: es lo que siente cada uno de los integrantes de la Selección. 

El cuerpo técnico tampoco tiene problemas en desestimar sus propias ideas o interpretaciones. Porque ayer Scaloni eligió a Alejandro “Papu” Gómez para reemplazar a Di María, pero advirtió que la apuesta no resultaba en la mitad del primer tiempo. El entrenador presagiaba que esa audacia y desequilibrio individual que define al Fideo, determinante para romper cerrojos defensivos como los que imponen selecciones como la de Australia, se la podía aportar el Papu Gómez. Sin embargo, el Papu mostró movimientos previsibles para la ordenada defensa australiana, lo que generó que el DT lo cambiara a la derecha en el primer tiempo y, al inicio del segundo tiempo, directamente lo sacara para rearmar tácticamente al equipo: armó una línea de tres defensores centrales con los laterales más adelantados, y eso mejoró el funcionamiento, incluso en los pasajes en que Australia tenía la posesión de la pelota (que fueron pocos, pero existieron).

Después, en conferencia de prensa, Scaloni contó un poco el detrás de escena de esa decisión. “El Papu tenía un problema físico, pero creo que el equipo también en ese momento necesitaba otra cosa. Necesitábamos que subieran Huevo y Molina. Creo que mejoramos en esa instancia”, declaró. Pasó eso: se mejoró, también se sufrió, y en el final, la felicidad quedó de nuestro lado.

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