Ryan Giggs, el Bochini de Manchester United, un crack que mostró cómo se puede brillar a los 40 años


El bar se llama Wetherspoon y está muy cerca de los accesos al estadio Millennium de Cardiff. En las paredes brotan homenajes a las leyendas del deporte galés. El más grande de los afiches muestra a Gareth Edwards, un medio scrum del seleccionado de rugby que -cuentan- jugaba mejor que ningún otro. El tamaño no es azaroso. Gales es -por obra y éxito de Los Dragones Rojos- un territorio de rugby. Y allí, en la antesala de cada test match, se cumplen con los ritos que la tradición marca: cerveza desde la hora del desayuno, encuentro varias horas antes de los partidos, mucho color rojo. Sin embargo, un personaje irrumpe en las conversaciones: Ryan Giggs -con la camiseta del Manchester United– tuvo en su inmenso recorrido otras actuaciones para el aplauso. Y con su fútbol de crack experto se metió, sin querer, en el ovalado mundo del rugby por un rato.

Sucedió hace poco menos de una década. De él se habla. A él se lo elogia. La escena aconteció sobre el final del año 2012, en ocasión de la visita de Los Pumas a esa ciudad. Y es una demostración: Giggs excede el mundo de su club y de su deporte. En Gales, en Europa y en todo el mundo.

Aquella última semana, el 29 de noviembre, había cumplido 40 años. Ya estaba claro. La de Ryan Joseph Wilson Giggs era y es la historia de una constancia: jugó desde 1991 hasta 2014 con la misma camiseta, la de su Manchester United. Una suerte de Ricardo Bochini en pleno territorio inglés.

Una hincha del Manchester United besa una gigantografía de Ryan Giggs en Old Trafford. Foto: REUTERS/Darren Staples/Files.

Una hincha del Manchester United besa una gigantografía de Ryan Giggs en Old Trafford. Foto: REUTERS/Darren Staples/Files.

Sus números parecen una exageración o la creación de un juego de simulación para computadoras: contando todas las competencias oficiales, disputó 963 partidos;  ganó 36 títulos y obtuvo más de 20 condecoraciones individuales, desde la Orden del Imperio Británico hasta el premio Matt Busby, al mejor jugador del año. No es casualidad: es uno de los más grandes emblemas de la historia del club más exitoso del fútbol británico. Con una curiosidad de asombro: en tiempos de la niñez, jugó para el City, el vecino archirrival del United.

Hay más. Un puñado de datos retratan su dimensión. El primero se refiere a su lealtad dentro del campo de juego: nunca fue expulsado de un partido en toda su carrera y en varias temporadas ni siquiera recibió una tarjeta amarilla. El segundo señala su largo recorrido en la elite: es el futbolista con más partidos en la historia del Manchester. En la final de la Champions League, en 2008, disputó su encuentro número 759 y así superó a Bobby Charlton. El tercero cuenta su regularidad de sus prestaciones: es el único jugador que hizo goles en cada una de las temporadas de la Premier League desde su fundación en el año 1992. El cuarto y el quinto se parecen bastante y expresan su notable capacidad para ganarle al tiempo: es el jugador de más edad en marcar en la Champions y resulta también el futbolista más veterano en convertir un tanto en los Juegos Olímpicos (sucedió en 2012, en Londres, cuando tenía 38 años y 243 días).

Su cuerpo desmiente a las cuatro décadas que lleva encima. Y aunque su cara denuncie su recorrido, en el campo de juego pareció siempre eternamente joven. O algo así. El periodista Jesús Camacho, de El Enganche, lo comparó alguna vez con Dorian Grey, esa creación de Oscar Wilde: «Me pregunto si este mago galés ‘The Welsh Wizard’ -que antaño hiciera de la velocidad su modo de vida-, posee el secreto de la eterna juventud, aunque mucho me temo que su gran secreto resida en que en su día vendió su alma a un diablo conocido como ‘Red Devil’. Aquel que otrora le concediera su deseo de eterna juventud y talento, con los que perfiló la leyenda de su mágica pierna izquierda en Ely, un suburbio del oeste de Cardiff, y en las carreteras de Pentrebane. Un Red Devil llamado Alex Ferguson, que en la historia esférica que atañe a Ryan, interpreta el papel de Basil, pues Ferguson ha pintado a Giggs y la belleza de su fútbol, consiguiendo que la leyenda del extremo volador -que deslumbró en sus primeros años en Old Trafford-, matice con su inteligencia desde la mediapunta del United, su estilo de juego y la genialidad de su mágica pierna zurda».

Y allí seguirá, el mago Ryan, en el pedestal, a la altura de la elite más allá de la fecha de nacimiento.

Manchester United enfrentó al Barcelona en la final de la Champions League 2011. Los hinchas de los Red Devils tenían claro a quién alentar. Foto: AP Photo/Jon Super.

Manchester United enfrentó al Barcelona en la final de la Champions League 2011. Los hinchas de los Red Devils tenían claro a quién alentar. Foto: AP Photo/Jon Super.

No se trata de un caso único, pero sí uno de los más emblemáticos. Ser crack a los 40 no es un hecho frecuente. Consultar a los que más memoria tienen en esta redacción sobre casos afines ofrece una breve lista. Dino Zoff aparece por motivos obvios: en el Mundial de 1982, con Italia, se consagró campeón del mundo con cuatro décadas encima. Antes del torneo, era cuestionado. Luego, se transformó en una celebridad para siempre. Roger Milla, el camerunés interminable, jugó la Copa del Mundo a los 42 años, en 1994. Cuatro años antes, en Italia 90, había sido una revelación a los 38, con sus goles y con sus bailes. Romario se retiró en el Vasco da Gama a los 42 y dijo que en su largo recorrido convirtió más de mil goles. Edwin Van der Sar se fue a los 41, justo después de disputar la final de la Champions League.

En Milán, el irrompible Javier Zanetti fue Il Capitano de un Inter muy exitoso ya superadas las cuatro décadas de edad. Massimo Moratti, hombre fuerte del club, ya le decía a Pupi que era Superman. Hoy es vicepresidente.

Peter Shilton –la perfecta víctima de Diego atajó 1.390 partidos oficiales y dijo basta recién a los 48. Stanley Matthews -ganador del primer Balón de Oro, en 1956- se animó un poco más: llegó a jugar hasta los 50 años. En el Reino Unido lo llamaron Sir, hasta el día de su fallecimiento, en 2000. Y como a Giggs, también le decían mago.

Giggs, siempre con la camiseta roja del Manchester. (AFP)

Giggs, siempre con la camiseta roja del Manchester. (AFP)

El fútbol argentino también cobijó figuras capaces de jugar hasta los 40. El periodista de Clarín, Oscar Barnade, vicepresidente del Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol (CIHF), retrató alguna vez los casos más significativos: «El 11 de septiembre de 1988 fue el último partido oficial de Hugo Orlando Gatti. Tenía 44 años y 22 días. Después de perder con Deportivo Armenio en La Bombonera, el técnico José Omar Pastoriza lo colgó. El Loco establecía así un récord difícil de igualar en el fútbol argentino. No son muchos los jugadores que superaron la barrera de los 40 años y lograron mantenerse en actividad. Angel Amadeo Labruna fue al Mundial de Suecia en 1958 con 39 años, y tenía 41 años cuando disputó su último encuentro en River. Dos años más tarde, como entrenador de Platense en la B, se animó y jugó otros dos partidos. José Luis Calderón y Rolando Schiavi son los últimos exponentes: Caldera se retiró campeón con Argentinos Juniors, en 2010; Schiavi, anunció su despedida en el fútbol chino».

Queda una impresión: jugar hasta esas edades ofrece una garantía, la de quedar en la historia vestido de leyenda. Como Giggs, quien ya tiene garantizada su estatua.

Arsene Wenger fue entrenador del Arsenal durante muchas temporadas e instancias decisivas. Lo conoce a Giggs de enfrentarlo más veces que a cualquier otro rival. Lo expresó alguna vez ante una consulta del Daily Mirror: “Lo que ha hecho es absolutamente excepcional. Siempre he pensado que Ryan Giggs no tuvo la recompensa o el reconocimiento por su calidad y su gran carrera, ya que no jugó Copas del Mundo ni Campeonatos de Europa. Uno mira la carrera en su club, y es absolutamente increíble. La calidad de sus actuaciones le hacen un maestro con 40 años. Lo que es muy notable en su caso, es que ha pasado de ser un jugador individual a ser un gran pasador y un jugador colectivo”. Palabra de especialista. Y de admirador inevitable. Como casi todo. O todos.



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