Todo lo que Dieguito se merece


Será la primera Navidad sin Dios. El primer 30 del diez sin el Diez. El primer cumple de Diego sin el Diego. Y no hay tributo que alcance a llenar este vacío.

Hoy, en cada rincón de la Argentina donde ruede una pelota, en cada paraje, pueblito o ciudad que Diego hizo feliz, habrá 1’ de aplausos en homenaje al 10 y la Bombonera, claro, no será la excepción. “…y cuando va a la cancha, La Doce le agradece, todo lo que Dieguito se merece”, se inundará de lágrimas el Templo, donde Maradona se hizo ídolo, hincha y adonde volvió tres veces: en el 95, con las piernas todavía ensangrentadas después del doping en el Mundial, en el 97 contra Racing (luego de un descanso de un año, cansado de ser Maradona) y, la última, el 7 de marzo del 2020, con el buzo de Gimnasia, una noche mágica que le permitió a Diego, ocho meses antes de su muerte, despedirse en vida de su gente.

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Boca fue para Diego el beso de doña Tota. El amor eterno. La gloria. Su primera vez en una cancha de fútbol. A Diego le faltaban dos años para debutar en la Primera del Bicho y su papá lo llevó a la Bombonera a ver el superclásico, el de los cuatro goles de García Cambón. Fue, también, el escenario de su debut en la Selección, en el 77, en un amistoso frente a Hungría. El lugar donde siempre fue feliz.

Y Gimnasia fue su último gran amor. El club que lo fue a buscar en su peor momento y le permitió recorrer las diferentes canchas del país para hacerle sentir parte de esa felicidad que Diego nos dio a los argentinos. Córdoba, Rosario, Mendoza… Hoy, el Xeneize y el Lobo vuelven a enfrentarse por primera vez en la Bombonera desde la muerte del 10. Y todavía nadie lo puede creer.

La Doce lo recordará con sus viejos hits. Quienes lo vieron jugar recordarán aquellas tardes de gloria de 1981, cuando Diego hizo feliz a la mitad más uno del país, y le hizo goles a River, y conquistó un título y millones de corazones. “Alguna vez, los hijos de tus hijos preguntarán por él”, rezaba una remera allá por noviembre del 2001, cuando Diego organizó su partida despedida en el Templo. Por eso los más pibes también gritarán por él. Y también agradecerán poder vivir este momento.

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Boca ya tiene preparada la fiesta para recordar al más grande. Están invitadas las nenas, Dalma y Gianinna, y 25.000 almas acompañarán desde las tribunas. Maradona y el hincha xeneize merecen un homenaje a la altura de lo que Boca significó para Diego. El año pasado, Ameal y Riquelme decidieron no recibir a Diego en la mitad de la cancha por cuestiones políticas. Un destrato pocas veces visto hacia la figura del 10 y que muchos hoy no olvidan. Diego, igual, volvió a salirse con las suyas. Abrazó a Dalma y a Benja, le tiró besos a la hinchada y se fue al entretiempo haciendo el clásico gesto de la gallinita. Esa noche, River cayó en Tucumán y el Xeneize le arrebató el título con un golazo de su amigo Carlitos Tevez, al que había saludado en la previa con un piquito a lo Caniggia.

En todos los partidos de la Liga y del resto de las categorías de AFA se realizará “un minuto de ovación” a los 10’ del primer tiempo. Mientras dura el homenajes sonará “La Mano de Dios” de Rodrigo y en los estadios que tengan pantallas gigantes se exhibirá una imagen del 10 y se proyectará un video de la figura de cada equipo haciendo jueguitos con una pelota de golf.

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También habrá excompañeros de Diego en la Bombonera y algunos hinchas podrían entrar a la cancha con pelucas, recordando el famoso look que Maradona usó durante la mayor parte de su carrera. “Todo se está haciendo con absoluta reserva”, explicaron desde el club, aunque avisaron que se vivirá “un momento muy emotivo”. El 25 de noviembre pasado, Boca hizo emocionar a todos con la imagen de la Bombonera a oscuras y solamente el palco de Maradona encendido.

La fiesta comenzará desde temprano en Irala y Martín García y continuará desde las 20.15 en el estadio, con banderas, cantitos y alguna sorpresa más en homenaje al 10.

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El último cumple de Diego todavía nos hiela las venas. Nos genera bronca, impotencia, angustia. Dolor. Diego no estaba bien. Casi no podía hablar, ni caminar.  Apenas si podía valerse por sus propios medios. Fue el principio del fin. Ahí muchos tomaron nota de la situación que Diego estaba atravesando. Pero ya era tarde.

26 días después ya nada volvió a ser igual. Primero fue un susto, una operación, después el cielo. Ese dolor que no se va.  Se nos murió a todos el mismo familiar. Y no podemos dejar de recordarlo.



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