Asesinato en altamar: el filipino que masacró a dos tripulantes por “abusar de su familia” y enfrentó a la Justicia argentina


Reich Alvarado, el acusado de un doble homicidio brutal dentro de un buque que llegó a la Argentina
Reich Alvarado, el acusado de un doble homicidio brutal dentro de un buque que llegó a la Argentina

En la madrugada del 17 de febrero de 2012, en el corazón del buque chino “Maersk Luz”, el marinero Alfer Peralta, que hacía la recorrida de la guardia nocturna, advirtió que un reguero de sangre rodeaba la cubierta D. De inmediato, avisó a su superior y éste, al capitán del barco. Stephen Prdimore, al frente de esa embarcación de bandera china que había zarpado apenas un rato antes del puerto de Santos, en Brasil, salió apurado de su camarote, todavía un poco dormido por la repentina llamada. Lo que siguió después podría ser parte de cualquier película de Netflix. La sala de marinería, de donde venían las gotas de sangre, estaba cerrada. El capitán, dueño de todas las llaves del barco, sacó la apropiada y abrió la puerta. Ahí estaba, con su cuerpo menudo, su torso desnudo cubierto de sangre, un cuchillo en la mano y otros cuatro en la cintura, el marinero filipino Reich Alvarado Longno, de 25 años.

Pero Alvarado Longno no quería a nadie ahí. Inmediatamente cerró la puerta, la trabó por dentro y comenzó a golpearla con el cuchillo. El capitán avisó al primer oficial y juntos lograron abrir de nuevo la puerta. El marinero ensangrentado salió corriendo hacia cubierta: todavía llevaba el cuchillo en la mano y los otros cuatro ajustados en el short rojo que calzaba. Al asomarse en la sala, el capitán vio lo que Alvarado ocultaba: los cadáveres de dos de sus marineros: Leodegario Jr. Luna Labores y Marlon Guirjem Tingson, también filipinos. Cada uno tenía más de 30 cuchilladas en distintas partes del cuerpo. Les tomaron el pulso pero solo para confirmar que ninguno había sobrevivido. En el piso habían quedado además latas de cerveza (irónicamente sin alcohol) y una botella de vodka vacía.

Sonó la alarma general en el buque. Toda la tripulación subió a cubierta. Alvarado Longno se había refugiado en la sala de máquinas y a su jefe y sus compañeros los esperaba con un cuchillo en la mano. Había tomado dos sierras más. Siguió escapando hacia la sala de navegación y en su fuga se cruzó con el capitán y otro marinero a quienes intentó atacar.

Imagen de archivo de un buque de Maersk en el puerto de Santos, Brasil (REUTERS/Amanda Perobelli)
Imagen de archivo de un buque de Maersk en el puerto de Santos, Brasil (REUTERS/Amanda Perobelli)

Pero el capitán buscó tranquilizarlo. Le preguntó qué había pasado, le pidió que soltara los cuchillos. Alvarado no soltó nada. Por momentos parecía más tranquilo, pero al rato volvía a gritar y mover el cuchillo. Decía que quería hablar con su novia, con la que esperaba un hijo –que nacería dos meses después en Filipinas-, y que después se arrojaría al mar. En un momento dijo que sus víctimas “eran muy lentas” y por eso “ahora estaban en el cielo”.

En ese diálogo forzado por la necesidad, el capitán le pidió el número de teléfono de su novia para poder llamarla, pero Alvarado Longno empezó a golpear el escritorio en el que se apoyaba con el cuchillo que empuñaba. El marinero se estaba sintiendo débil y el capitán vio su oportunidad: levantó la lámpara del escritorio y le apuntó al agresor directo a la cara para encandilarlo. El primer oficial se le tiró encima, pero el marinero logró zafar. Lo único que consiguieron fue que se le cayeran algunos de los cuchillos. Alvarado Longno volvió a correr, esta vez, a la banda de babor del buque. Pero ya eran seis tripulantes los que lo perseguían. Al fin, el filipino fue dominado y encerrado en un camarote por orden del capitán.

Cuando toda la escena terminó, un llamado alertó a la Justicia de Buenos Aires que un buque estaba arribando al puerto de Buenos Aires con dos cadáveres a bordo. Era pleno carnaval y el puerto estaba lleno de embarcaciones. Los hombres de la División Investigación Penal Administrativa de la Prefectura Naval Argentina esperaban la llegada. Fue el 19 de febrero a las 4 de la tarde. El hoy fallecido juez Claudio Bonadio, que por esas horas estaba de turno con policía, ya había sido anticipado, junto a su secretaria. Tres días después, otra tragedia ocuparía su atención: la muerte de 51 personas en la estación de trenes de Once.

La investigación

El acusado (archivo)
El acusado (archivo)

El capitán del barco explicó, en inglés, lo que sabía a los investigadores argentinos: víctimas y asesino habían estado esa noche bebiendo, había habido una pelea y el resultado eran dos muertos, conservados en bolsas en una cámara de frío del barco y el agresor detenido dentro del barco. Los peritajes de alcoholemia confirmaron la hipótesis: el Cuerpo Médico Forense detectó en Tingson 3,24 gramos de alcohol etílico por litro de sangre y 2,31 gramos por litro en Labores.

Al barco también fue convocado un defensor oficial, Gustavo Kollman, para representar al acusado. “Lo que pasó es que estábamos tomando en ese lugar; yo también estaba tomando mucho y no recuerdo nada”, se limitó a decir el agresor en su indagatoria.

Hubo varios intentos para conocer la versión del acusado, pero él siempre se negaba a hablar. “Siempre sospechamos que había existido un intento de abuso por parte de los otros marineros hacia él, por la violencia con la que actuó. Pero siempre quedó en una idea nuestra. No lo pudimos confirmar”, dice a Infobae uno de los que participó en el caso. La palabra abuso aparecería después como una hipótesis del doble crimen, pero no en la persona de Alvarado sino hacia su familia. El testigo Nikhil Marwaha declaró en la causa que Alvarado le dijo: “Los maté porque ellos abusaron de mi familia”. Cuando los investigadores profundizaron esa versión, otros tripulantes explicaron que cuando Alvarado tomaba alcohol “se tornaba agresivo” y que “en la cultura filipina insultar a la familia era una falta grave”.

Todo en la causa fue engorroso. Nadie hablaba filipino, el capitán se explicaba en inglés, se traducía en las actas al español. Los investigadores argentinos intentaban reconstruir lo que había pasado. Para intentar comprender hubo una suerte de reconstrucción de cómo había sido la pelea en el buque. ¿La anécdota? Nadie quería tomar el lugar de los muertos. “Los marineros son muy supersticiosos”, explicaron a este medio al recordar la causa. El defensor oficial junto a un hombre de Prefectura terminó actuando de víctima para recrear lo sucedido.

Apenas tomó intervención la justicia argentina, Alvarado quedó detenido en la Argentina, los cadáveres fueron enviados a Filipinas y el buque siguió su destino. Zarpó el 22 de febrero del 2012. Los tripulantes nunca volvieron a declarar ante los investigadores argentinos cuando fueron llamados a juicio.

La suerte de la causa tuvo sus complicaciones. Tal como relató Infobae en 2017, cinco años tardó la Justicia para definir a quién le tocaba investigar. Todo ocurrió cuando el barco circulaba por aguas internacionales. La duda estaba entre Brasil (porque el crimen había ocurrido a treinta millas náuticas de sus costas) Hong Kong, dada la bandera del navío; Filipinas, por la nacionalidad de los protagonistas; y Argentina. La Cámara Federal de Casación Penal estableció que era precisamente Buenos Aires, puntualmente Comodoro Py, el que quedaba al frente de la investigación.

Desde el 17 de febrero de 2012, que ocurrieron los hechos, hasta el 18 de febrero de 2016, el marinero filipino estuvo preso en la cárcel de Ezeiza. El tiempo de detención sin condena derivó en su libertad. Vivía en una pensión de Once cuando el 16 de agosto de 2017 los prefectos volvieron a detenerlo, al resolverse la competencia de la justicia argentina.

Así lo encontró el inicio del juicio oral, a fin del 2019, pero no sin complicaciones por la pandemia del coronavirus y el aislamiento. El veredicto del Tribunal Oral Federal 1, a cargo de los jueces Adrián Grümberg, Jose Michilini y Ricardo Basílico, se conoció en agosto del 2020. Junto al acusado estuvo el vicecónsul de la República de Filipinas en el país, Miguel Carlo Hornilla, que ofició de intérprete.

¿Qué pasó en el juicio?

El juicio de Reich Alvarado
El juicio de Reich Alvarado

“Ha quedado acreditado que el día 17 de febrero de 2012, aproximadamente a las 02:30 horas, a bordo del buque “Maersk Luz” de bandera de la Región Administrativa Especial de Hong Kong, República Popular China, Reich Alvarado Longno, causó la muerte de Leodegario Jr. Luna Labores y Marlon Guirjem Tingson, valiéndose de la utilización de cinco cuchillos”, sostuvo la acusación a cargo del fiscal Miguel Osorio.

Para el fiscal, “las máculas y salpicaduras tenían una dirección que indicaba los desplazamientos por parte de las víctimas hacia la puerta de salida, queriendo huir de su agresor”. Todos los cuchillos, sierras y serruchos utilizados por el agresor estaban cubiertos de sangre. Incluso, a uno le faltaba la punta y un segundo tenía la hoja doblada. “Si se tomaba en consideración la contextura de Tingson, al ser más robusto y más alto que el agresor, Alvarado Longno no solo lo acuchilló, sino que para poder reducirlo lo mordió en los brazos, el tórax y la mandíbula”, agregó el fiscal. El imputado presentaba una herida cortante en su mano derecha, producto –dedujo el fiscal- de la manipulación de los cuchillos.

La fiscalía pidió para él una condena de 14 años de prisión por doble homicidio.

La defensora oficial Daniela Villalón buscó rechazar las acusaciones. De máxima solicitó la absolución, al sostener que no se había podido comprobar, con la claridad suficiente, que Alvarado Longno era el asesino y que ninguno de los testigos claves de la causa (la tripulación) había declarado ante el tribunal. Y aún así ninguno había estado en salón “Crew´s Day Room” del Buque Maersk, donde ocurrieron los hechos.

Sabiendo que era poco probable que esa postura se aceptara, la defensora solicitó que la condena fuera por homicidio en riña. “Si bien era cierto que dos de los involucrados fallecieron, no menos lo era que no se había determinado el momento exacto en que ello ocurrió y que no se había podido demostrar quién produjo a quién las lesiones”, señaló. En su mirada, “era simplista afirmar que su defendido fue quien ocasionó la muerte de los dos damnificados”.

Para esa altura ya había fracasado la intención de plantear que el marinero filipino no había comprendido la criminalidad de sus actos. Según determinó la pericia psicológica, en Alvarado se detectaba “la presencia de componentes de inestabilidad interior en su psiquismo que si bien intenta controlar defensivamente ante la presencia de situaciones que le generan presión o tensión podría ceder dando lugar a reacciones impulsivas de características agresivas”, pero no surgían “indicadores de disgregación psíquica, ni se evidenciaron desajustes psicóticos en su procesamiento psíquico”. Lo que sí había era “un elevado nivel de ansiedad encubierto y déficit defensivo, por lo cual ante situaciones límites podría llegar a desencadenar reacciones impulsivas”.

Cuando terminaron los alegatos, una vez más, Alvarado Longno optó por el silencio.

En un voto del juez Grümberg, que sus colegas acompañaron, el tribunal dio por probado que el acusado mató a sus compañeros “utilizando un cuchillo en cada una de sus manos”. También descartó la hipótesis de la legítima defensa. “Lejos de dejar el cuchillo y, en todo caso, explicar que había tenido que defenderse ante alguna agresión, Alvarado Longno salió y fue al taller de herramientas del buque en busca de otros dos elementos cortantes, una sierra y un serrucho, para luego seguir escapando hacia el puente”, razonó el magistrado. “Tampoco concuerda con la actitud de alguien que hubiera sido agredido que, ante el intento de negociación por parte del capitán, (Alvarado) Longno haya atacado con un cuchillo la puerta que los separaba”.

Las evidencias fácticas hicieron el resto: según las autopsias, Tingson pesaba 89 kg. y Labores 82 Kg. Ambos eran “claramente más robustos que Reich Alvarado Longno, a quien pudimos observar en el debate como más bien menudo”, dijo el juez. Las dos víctimas presentaban múltiples lesiones –Tingson treinta (30) heridas y Labores treinta y cinco (35)-, mientras que el acusado tenía sólo cinco. “No hace falta ser un perito experto para concluir que resulta inaceptable, conforme a la experiencia o a la lógica, que dos presuntos agresores -armados además con cuchillos- resulten vulnerados con trece y nueve cuchillazos, respectivamente, asestados por la espalda”, se añadió.

A criterio del juez, Tingson presentaba heridas defensivas y pudo haber forcejado con su agresor gracias a que estaba un poco menos borracho que su compañero. Pese a que Longno también había tomado, el acusado “sostuvo sus sentidos en alerta en todo momento, para escapar primero, buscar otros elementos cortantes, negociar con el capitán y luego movilizarse para huir de quienes querían retenerlo, incluso habiéndose zafado en un primer forcejeo con el propio Pridmore; todo lo cual implicó un evidente dominio mental y corporal”.

El acusado junto a la defensora oficial y el viceconsul de Filipinas que ofició de traductor
El acusado junto a la defensora oficial y el viceconsul de Filipinas que ofició de traductor

A la hora de definir la pena, el TOF repasó quién era el hombre que iban a condenar. Su madre había muerto cuando tenía 8 años y había vivido toda su vida en Zamboanga, donde hizo la primera, la secundaria y la facultad. En 2007 se había graduado como “bachiller en Transporte Marítimo, en la Universidad de Misamis Institute of Technology”. Siempre había trabajado: en la industria de enlatado de sardinas, en estación de servicio y en diferentes supermercados, hasta que en el año 2009 ingresó a la empresa naviera “Maersk Line” para ser marinero pintor de barcos.

Su hijo nació el 10 de abril de 2012, cuando ya cursaba un mes y medio de detención. Aquí, en la cárcel, trabajó de “fajinero” y en 2015 consiguió un certificado como electricista. Enviaba 9000 pesos cada tres meses a su pareja para mantener al niño. Todo eso conformó un cuadro de situación para evaluar los atenuantes en un crimen tan brutal. Ente esas consideraciones estuvieron el tiempo que pasó en la cárcel sin condena (la “excesiva duración del proceso que estuvo signada por las vicisitudes relativas a los trámites de extradición, circunstancia lógicamente no imputable a (Alvarado) Longno”, dijo el tribunal) y el hecho de que en la cultura filipina el insulto a un familiar era un “agravio” grave inclinaron al Tribunal a fijar la pena en 12 años de prisión por doble homicidio.

El filipino volvió a su celda sin decir una palabra. La condena quedó firme. A fin del año pasado, Alvarado Longno fue expulsado del país. Desde entonces, volvió a vivir con su familia en Filipinas. Su historia en Argentina terminó.

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