¿Cuánta modernidad es mucha modernidad para Notre-Dame?


Cuando el fuego fue extinguido y el área despejada, la primera imagen de la catedral parisina de Notre-Dame el 16 de abril de 2019 no es otra cosa que la síntesis de la desolación. Disparada por la cámara de Philippe Lopez y distribuida por la agencia AFP, la fotografía captura la figura de la Piedad (o El Descendimiento de la cruz), la escultura realizada por Nicolas Coustou en el siglo XVIII que presidía entonces el altar mayor. Al dramatismo de la pieza –el cadáver de Cristo recogido por su madre doliente–, se agregaban entonces otros dramas: la capa de cenizas que oscurecía el mármol, la luz del día que bañaba la escena ante la ausencia de techos, y el amasijo de maderas y escombros en un sombrío primer plano que comenzaban a ser removidos por una retroexcavadora.

Esta foto de archivo tomada el 12 de julio de 2021 muestra una vista aérea de la Catedral de Notre-Dame de París en la isla "Ile de la Cite" en el río Sena en París.  (Foto de BERTRAND GUAY / AFP)

Esta foto de archivo tomada el 12 de julio de 2021 muestra una vista aérea de la Catedral de Notre-Dame de París en la isla «Ile de la Cite» en el río Sena en París. (Foto de BERTRAND GUAY / AFP)

El fuego comenzó en plena misa, el lunes 15 de abril. Pero nadie lo vio. Sonaron las alarmas, los fieles y turistas fueron desalojados, pero nadie encontraba nada fuera de lugar. Eran las 18:20. Media hora más tarde, ya era tarde: los techos ardían, la aguja central se desmoronó en vivo a través de una telaraña de millones de pantallas en todo el planeta, y esos ojos electrónicos siguieron minuto a minuto la destrucción del ático y la estructura de madera cosida entre los siglos XII y XIII con las tablas de 1.300 robles talados especialmente para la catedral.

En ese primer momento de estupor, era difícil imaginar otra cosa que el acuerdo más sólido: todos deseaban la reconstrucción de ese emblema de la cultura universal. Uno de los monumentos góticos más antiguos, cuyas primeras piedras se apilaron en el año 1163. Sin embargo, la unanimidad fue tan frágil como los tejados de madera y sucumbieron en poco tiempo.

El dinero es el problema

La primera de las desavenencias fue motivada por el dinero. Solo doce horas después de iniciado el fuego y mientras los restos aún humeaban, una ola mundial de solidaridad (y de posibles exenciones impositivas) prometió donaciones por 900 millones de euros al fondo de reconstrucción. Con todo, para junio de 2019, solo se habían concretado 80 millones de euros y eran muchas las voces que cuestionaban que la generosidad fuera relativa.

Las críticas más furibundas surgieron del movimiento social denominado “chalecos amarillos”, que por entonces se manifestaban por toda Francia reclamando la baja del precio de los combustibles y un Estado más presente en la asistencia a las personas trabajadoras. «Lo más sencillo para estas empresas sería pagar sus impuestos, en lugar de publicitar donaciones que las liberan de impuestos”, lanzó en aquellos meses Manon Aubry, líder de France Insoumise.

Lo cierto es que la generosidad de las empresas (hasta el momento se han recaudado algo más de 800 millones de euros) implica una contraparte que pagan los contribuyentes: cuando una compañía invierte en cultura, pueden deducir de sus impuestos el 60% de su donación, mientras que las personas particulares que ofrecieran fondos para Notre-Dame recibirían una deducción impositiva de entre el 75% y el 66%, según el entonces primer Ministro Edouard Philippe.

En esta foto de archivo del lunes 15 de abril de 2019, la catedral de Notre Dame arde en París.  (AP Photo/Rafael Yaghobzadeh, FILE)

En esta foto de archivo del lunes 15 de abril de 2019, la catedral de Notre Dame arde en París. (AP Photo/Rafael Yaghobzadeh, FILE)

Los robles también

Otro punto de conflicto fueron los robles. Si en la Edad Media fueron necesarios 1.300 ejemplares para la construcción de la catedral, en los próximos años, se talará otro tanto por toda Francia para reconstruir la torre y la estructura del techo de Notre-Dame. La operación comenzó en marzo pasado y contó con todo el marketing disponible: el ministro de Agricultura galo, Julien Denormandie, y la ministra de Cultura, Roselyne Bachelot, participaron de la selección de los primeros ocho árboles que caerían en el bosque de Bercé, a unos 200 kilómetros al suroeste de París. Hasta allí fueron acompañados por los fotógrafos que los retrataron, solemnes, clavando un cartelito en cada tronco.

“Amputamos nuestros bosques y les arrebatamos los robles, que son importantes para su regeneración, son el hábitat de una gran cantidad de insectos y aves”, cuestionó Jacky Bonnemains, presidente del grupo de protección ambiental Robin des Bois, en sintonía con más de 40.000 franceses que apoyan una campaña para detener la tala.

“Talamos árboles grandes y viejos con regularidad. Por un lado, para asegurar el suministro de madera de construcción; por otro lado, porque esto crea espacio para árboles más jóvenes que necesitan mucha luz”, le retrucó Guillaume Larrière, portavoz de la autoridad estatal de bosques de Francia (la L’Office national des forêts, ONF).

La intención del presidente Emmanuel Macron es que la catedral vuelva a recibir fieles y creyentes en 2024. Aunque el plazo parece inverosímil y ya está demorado como consecuencia de la pandemia, no se ha reformulado. Sucede que todos están demasiado ocupados polemizando sobre el proyecto arquitectónico aprobado y su apuesta por la modernización de Notre-Dame.

La gente mira las explicaciones sobre cómo se reconstruirá la catedral Notre-Dame de París, en París, el viernes 20 de agosto de 2021. (AP Photo/Adrienne Surprenant)

La gente mira las explicaciones sobre cómo se reconstruirá la catedral Notre-Dame de París, en París, el viernes 20 de agosto de 2021. (AP Photo/Adrienne Surprenant)

Bancos y obras de arte

El nuevo planteo de la iluminación interior, los bancos rodantes y la proyección de fragmentos de la Biblia sobre los muros son para muchos demasiada modernidad. “Una Disneylandia políticamente correcta”, tituló el diario británico The Telegraph y el orgullo galo recibió una estocada de la que no se recupera.

Con todo, las voces críticas son varias también en Francia. El académico Jean-Marie Rouart consideró que introducir un mobiliario contemporáneo sería una “aberración”: “Sería una forma dramática de utilizar el arte contemporáneo para saquear nuestro patrimonio”, disparó en un artículo publicado en el diario Le Figaro.

Por su parte, el arquitecto Roland Castro también se mostró desde el inicio a favor de recuperar la catedral como ella era: “No cabe la discusión. No es el momento de construir una catedral ‘nueva’, ‘moderna’. Hay que reconstruir Notre-Dame, idéntica. Es algo que todo el mundo comprende y todo el mundo espera. Notre-Dame está inscrita en nuestro patrimonio. Es un edificio cargado de historia. Y esa historia es tan importante que no debemos tocarla”, expresó.

Por su parte, su par Jean-Michel Wilmotte fue el primero de los arquitectos en proponer algo distinto: “Reconstruir un edificio idéntico es sencillamente imposible, si se quieren evitar unos trabajos que pueden eternizarse durante una decena de años. Para salir pronto del drama es necesario dar soluciones de nuestro tiempo. No debemos repetir el síndrome de la Sagrada Familia, en Barcelona”, dijo.

Técnicos trabajan en una bóveda dañada de la catedral de Notre-Dame de París antes de una visita del presidente francés dos años después del incendio que hizo que la aguja se derrumbara y destruyera gran parte del tejado, en París el 15 de abril de 2021. (Foto de POOL / AFP)

Técnicos trabajan en una bóveda dañada de la catedral de Notre-Dame de París antes de una visita del presidente francés dos años después del incendio que hizo que la aguja se derrumbara y destruyera gran parte del tejado, en París el 15 de abril de 2021. (Foto de POOL / AFP)

Incluso el británico Norman Foster –premio Pritzker en 1999 y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2009– opinó: “La flecha y la reconstrucción de mediados de siglo XIX ya ‘rompió’ con la construcción original de los siglos VIII y IX. Eugène Viollet-le-Duc, el gran modernizador de Notre-Dame, a mediados del XIX, utilizó la tecnología y los materiales más avanzados de su época. No se limitó a ‘copiar’ el original, medieval. El concurso de la reconstrucción de Notre-Dame debe culminar con el reconocimiento de las nuevas tradiciones, técnicas y materiales”.

De este modo, los franceses se encuentran atrapados ahora en un debate nacional interminable entre aquellos que quieren recuperar su catedral y quienes pujan por modernizarla. El proyecto final buscó cristalizar un equilibrio entre todos: ni rupturista ni la reconstrucción, modernizado con presencia del arte contemporáneo, pero conservando su identidad. Fue acompañado por el comité de expertos en patrimonio y monumentos históricos, que integran la Comisión Nacional de Patrimonio y Arquitectura (CNPA). Pero ya fue impugnado por un centenar de personalidades del mundo de la cultura en un artículo publicado en el diario Le Figaro y en La Tribune de l’Art. Lo único cierto para la catedral quemada es la polémica.

Mirá también

Críticas a los planes de restauración de Notre-Dame al "estilo Disney"

Mirá también

El gobierno francés aprobó el uso de toques contemporáneos en la renovación del interior de Notre-Dame