de astroseres a terráqueos mutantes


Curada por Marcelo Pacheco, la gran exposición exhibe las series del ciclo espacial, que la ocuparon casi tres décadas y revelan una evolución formal en la obra de una de las mayores pintoras argentinas.

Tras la prolongada angustia que sucedió al fin de la Segunda Guerra, la llamada “carrera espacial” –protagonizada por Estados Unidos y la Unión Soviética, los dos grandes ganadores del conflicto– fue para muchos una reinvención del impulso utópico que la guerra había quebrado: esta vez con el hombre lanzado a la conquista del espacio.

En ese contexto, el lanzamiento del primer satélite artificial Sputnik, que la Unión Soviética realizó con publicitado éxito en octubre de 1957, fue celebrado como un renovado triunfo de la ciencia más que una continuidad de la guerra por otros medios y protagonistas. Algo que no tardaría en ponerse en cuestión pero que, en ese momento, fue vivido como un logro por la progresía internacional, entonces simpatizante ferviente de la URSS.

Este acontecimiento, que marcó un giro en el estado de ánimo, fue vivido con especial interés y preocupación por Raquel Forner, una de las mayores pintoras argentinas. Desde los años 30, su obra había estado atravesada de manera conmovedora por el drama de las guerras: la Guerra Civil española en primer término, y la guerra mundial después.

“Futuro acontecer”, 1979. Óleo sobre tela, 160 x 200 cm, junto a otra pintura de la serie Apocalipsis en Planeta Tierra.


“Futuro acontecer”, 1979. Óleo sobre tela, 160 x 200 cm, junto a otra pintura de la serie Apocalipsis en Planeta Tierra.

La sensibilidad de Forner ante este nuevo rumbo que irrumpió en el horizonte de época implicó cambios radicales tanto en la temática como en los procedimientos y el tratamiento de su pintura, algo que puede advertirse al recorrer la exhibición Raquel Forner. Revelaciones espaciales. 1957-1987, que le dedica hasta febrero el Museo Nacional de Bellas Artes.

Curada por Marcelo E. Pacheco, la muestra reúne setenta obras del llamado “ciclo espacial”, el cual ocupó a la artista durante las tres décadas transcurridas entre el lanzamiento del Sputnik y el año anterior a su muerte, ocurrida a los 86 años, en 1988. El conjunto, propiedad de la Fundación Forner-Bigatti en su mayor parte, se despliega en el amplio Pabellón de Exposiciones temporarias las sucesivas series en que la artista plasmó los diversos planteos que le sugirió el impactante acontecimiento. Estas series, a su turno, fueron introduciendo cambios formales e innovadores tratamientos de la materia pictórica que definió de modo tan particular al arte de Forner.

Así tanto en las dos pinturas “Principio” y “Fin” de la serie Piscis que dan inicio a la muestra, como en las pinturas Satélites de 1958, entre las primeras de la serie Las Lunas, las imágenes de Forner parten de un lenguaje formalmente estructurado propio de la abstracción de los años cincuenta. Mientras que ya en las obras de comienzos de la década siguiente –como en “Luna” de 1960 o “Astronauta” de 1962– la figuración se disuelve en una materia espesa y el tratamiento de la imagen resulta cada vez más afín a los recursos del informalismo. Sin embargo, el tránsito se manifiesta ambiguo por un tiempo y la trama de una estructura formal subyace a la opulencia de la materia impuesta de manera pastosa. La enorme pintura (en realidad díptico) “A la conquista de la luna”, de 1961, una de las piezas emblemáticas de esta época de Forner que posee el MNBA representa nítidamente este momento que comparte con “Torre de Astroseres”, de 1960.

“Grande mutante I”, 1973.


“Grande mutante I”, 1973.

Imaginarios anticipatorios

Es fascinante seguir los caminos por los que Forner se aventuró al plasmar esa realidad imaginada de seres flotando en el espacio como en un vasto líquido amniótico, sostenidos por un cordón umbilical espacial o perdidos en el laberinto de un territorio desconocido e inconmensurable. Su ficción no desdeñó terráqueos mutantes ni encuentros con astroseres tras el Apocalipsis del planeta Tierra. A cada una de estas reflexiones corresponde un imaginario que podríamos evaluar anticipatorio de muchos que sobrevinieron después en ficciones literarias, fílmicas o televisivas. Pero lo singular en Forner es la potencia abrumadora de su pintura que renueva datos en cada serie; en Los Laberintos, Los que vieron la luna, Los Terráqueos, Los Mutantes, Mutaciones Espaciales; Apocalipsis en Planeta Tierra.

“Me impactó profundamente el hecho de que el hombre en su eterna inquietud, en su afán de verdad, intentara dejar la tierra en busca de otros mundos, de otras posibilidades de vida, en busca de respuesta. Esta aventura incidió en el aspecto formal de mi pintura y dio origen a una nueva temática. Dejé de pintar al hombre de la tierra y lo representé en una nueva dimensión: el hombre del espacio”, resumió la artista dos años antes de morir.

“Astronauta 2”, de la serie “Las Lunas”, 1962. Colección particular.


“Astronauta 2”, de la serie “Las Lunas”, 1962. Colección particular.

En varias de estas series, y en particular en los Laberintos y Los astronautas, es perceptible una suerte de diálogo con formulaciones picassianas de la misma época. Por caso en la pintura “Astronauta atrapado en el laberinto” y también en “Monstruo espacial con testigos televisados” de la serie Mutaciones espaciales de 1970-71. Allí llega a incluir la figura del toro-monstruo propia del mito clásico del laberinto-Minotauro, de fuerte presencia también en la obra de Picasso.

Resulta interesante destacar en este punto la fortaleza de Forner en ese diálogo de iguales con un celebrado titán de la época. La artista se sitúa de un modo audaz de cara a imaginar un porvenir incierto frente al cual se aventura desde una posición esperanzadora pero a la vez inquietante. Cabría destacar, también en ese sentido, que el imaginario de Forner a comienzos de los 60 es anterior a la propia llegada a la luna que recién se concretó hacia fines de la década. Lo cual, más allá del abarcador clima de época confirma una vez más el poder anticipatorio de las configuraciones del arte.

El lugar es la pintura

Así también, aunque resulta difícil encasillar la obra de Raquel Forner dentro de una particular tendencia, lo cierto es que el extendido ciclo que concentra esta exhibición, revela a una artista atenta hasta el fin de sus días tanto al presente como al porvenir pero en sintonía con las experimentación artística a través de fuentes diversas. Y siempre afirmada en el lugar de la pintura que renueva simbólicamente y no percibe para nada agotada en su capacidad de expresar como auguraban las vanguardias “dematerializadoras” de la época.

“A la conquista de la Luna”, de la serie Las Lunas, 1961. Óleo sobre tela, 200 x 500 cm.


“A la conquista de la Luna”, de la serie Las Lunas, 1961. Óleo sobre tela, 200 x 500 cm.

En Forner la fuerza del color que define a los extraterrestres podría entenderse como la dimensión de la esperanza depositada en el “ser nuevo”, concepto de época que fue alentado desde distintas perspectivas políticas y científicas. En contraposición, el gris aplicado a los seres terrestres en obras tan elocuentes como “Gestación del hombre nuevo” de la serie Apocalipsis en Planeta Tierra de 1980, conecta con las tonalidades sombrías propias de los dramas de sus series inspiradas en las tragedias que padeció la humanidad en la primera mitad del siglo XX. Con todo el dolor que se desprende de la Serie de España, en la que trabajó entre 1937-1939 y a la que pertenece esa gran coreografía trágica que es “Mujeres del Mundo” o la desolación de tierra arrasada en la serie El Drama de 1939-1947 no es comparable.

El ciclo de la aventura espacial que la artista emprende a partir de 1957 representa una actitud curiosa y a la vez expectante. Pero sobre todo una actitud libre que le permitió imaginar al astronauta como un ser de “desenlace entre el terráqueo y el nuevo hombre, ese hombre que se habría de gestar en su contacto con el mundo del espacio”, tal como lo definió en 1973.

Raquel Forner. Revelaciones espaciales. 1957-1987

Lugar: MNBA, Av. del Libertador 1473 
Horario: mar a vie de 11 a 20, sáb y dom de 10 a 20
Fecha: hasta el 26 de febrero
​Entrada: libre y gratuita