El Gobierno intenta arreglar el auto chocado con el torno de un dentista


Como un chapista que pretende arreglar un coche chocado con las herramientas de un odontólogo, el Gobierno va dejando gotear medidas para tratar de encauzar una crisis cuya perspectiva es cada vez más difícil de adivinar.

Algunas adecuaciones normativas y cambiarias como el permiso para que los importadores que tengan su mercadería en viaje puedan acceder a dólares o la idea de comprarles divisas al precio de la Bolsa a los turistas que lleguen al país fueron confirmadas este jueves por la ministra Silvina Batakis. Servirán para calmar la angustia de un puñado de empresas con contratos en marcha y para hacer sonreír a los viajeros llegados de países de la región, que aprendieron rápidamente cómo funciona este país con cuatro climas e incontables tipos de cambio.

Además de esas decisiones, Economía estudia otros dos cambios, cuyo éxito dependerá de la evaluación que hagan los actores.

Uno es ofrecerles a los exportadores de productos agrícolas un dólar más ventajoso que el oficial por un tiempo determinado, para incentivarlos a que vendan la soja y el maíz que mantienen acopiados a la espera de una devaluación que les permita una relación más ventajosa que la que tienen enfrente hoy, cuando al dólar oficial tienen que restarle las retenciones de cada producto. Por supuesto, esa medida funcionará sólo si los productores calculan que les conviene desprenderse de sus granos a ese dólar antes que la seguir esperando lo que consideran inevitable.

La otra idea está destinada a seducir a los inversores y bancos para que le presten pesos al Tesoro. Batakis ya tuvo que subir las tasas la semana pasada para conseguir 126.000 millones de pesos, y ahora estudia subirlas otra vez para conseguir los 318.000 millones de pesos que necesitará la semana próxima. Será otro ensayo para los 3,7 billones de pesos que necesitará renovar hasta fin de año. Una vez más, el éxito de esa medida descansará en el cálculo de los inversores. En situaciones como las de hoy, con el miedo corriendo parejo con la codicia, seducir es muy caro.

Batakis asumió hace menos de veinte días, pero su situación ya es hoy peor que la que encontró a su llegada. Ya les tuvo que decir que no a los gobernadores y los intendentes, algunos de los cuales habían funcionado como apoyos en sus primeras horas en el cargo. También notó que el Banco Central, otro de sus sustentos primitivos, no quiere que el campo tenga su propio dólar.

La semana que viene, si Joe Biden se repone a tiempo de su cuadro de COVID y recibe en Washington a Alberto Fernández, Batakis hará su debut frente al establishment financiero. La ministra tiene agenda con el Tesoro, con funcionarios del Banco Mundial y con el Fondo Monetario Internacional. Será una presentación formal, pero allí también podría empezar a blanquear que la Argentina no está en condiciones de cumplir las metas a las que se comprometió a fines de marzo.

Pese a que pasó los primeros tests, el Gobierno no logrará reducir el déficit fiscal, no conseguirá bajar el gasto en subsidios al consumo de energía y tampoco se adecuará a los renglones de la emisión monetaria ni el nivel de reservas comprometidas para el año. Eso obligará al Gobierno a pedir que el FMI perdone esos desvíos o a solicitar que se reformule todo el acuerdo. Ahí los misterios empiezan a convertirse en certezas. Ya se sabe qué pasa con el Frente de Todos cuando tiene que pensar en firmar entendimientos con el Fondo.

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