«El privilegio de escuchar y sentir a Martha Argerich»



Tuve el privilegio de escuchar y sentir a Martha Argerich hace pocos días. Cuánto esfuerzo, toda su vida destinada al sacrificio cuyo regalo permite elevarnos hasta el Olimpo cuando sus prodigiosos dedos nos arroban hasta el éxtasis. No es fácil la vida cuando requiere esa dedicación inquebrantable que exige la técnica para ser vehículo de la espiritualidad más excelsa. La fama son los oropeles con los que la gente se encandila. Cuando el verdadero premio para el bienaventurado fue mucho antes cuando pudo vencer todas las dificultades que su animalidad le conlleva y puede ser vehículo de ese acercamiento a lo divino: melodías concitadas, que es lo más supino que se le permite al ser humano en su elevación espiritual.

No quiero definirla como argentina porque estos tocados de Dios son verdaderos ciudadanos del mundo, como quería Einstein. Qué nobleza de espíritu, ocurriéndome compararla con la degradación moral que hoy campea en esta tierra que la vio nacer y no supo brindarle las excelsitudes y los medios como para retenerla y, entonces, tener que florecer fronteras afuera.

Sentí un dolor profundo al repasar la degradación que nos rodea. ¿Cómo pudimos caer tan bajo? ¿Cómo muchos adoran a una hurtadora de bienes y de todo progreso que derrumbó el país? ¿Cómo no entramos en el espanto más desgarrador con sólo pensar que ya no es moneda corriente el respeto, la entronización de la verdad, el rechazo vigoroso a las mentiras flagrantes, la pureza de espíritu y, sobre todo, el respeto y la sumisión a la Justicia, esa vigilante que garantiza la igualdad de todos con todos?

¿Cómo tales degradaciones del honor, del sano espíritu, de la frente alta -no como la soberbia de los débiles sino como derecho a mirar de frente- con la conciencia en paz, se han fugado de nuestra cotidianidad?

Gracias Sra. Argerich por este hálito de pureza de espíritu en este pasaje por la tierra que la vio nacer y disculpe por todo lo que puede ver alrededor. Siento una fuerte vergüenza ajena.

Dr. Héctor Cuadrado
hectorcuadrado@yahoo.com

OTRAS CARTAS

El juicio por la causa Vialidad contra la vicepresidenta

Hagamos este ejercicio intentando alguna coincidencia. Aceptemos que haya existido lawfare alrededor de Cristina. ¿Pero las desgravaciones al celular del ex secretario de Obras Públicas presentadas por el fiscal Diego Luciani son falsas? La documentación oficial aportada demuestra que hubo 24 obras pagadas por el Estado que no se realizaron y el 65% de las otras (comenzadas) no finalizaron en tiempo y forma y no tuvieron penalización. ¿Esto ha sido adulterado? El operativo denunciado para que Austral Construcciones dejara de funcionar en enero de 2016 (días después de la asunción de Cambiemos) dejando a más de 3.000 operarios en la calle… ¿fue ejecutado o no? ¿Quedó alguna factura impaga? ¿O cobró hasta el último peso, incluyendo varias obras sin comenzar o concluir?

De esas desgravaciones se deduce que “la señora” o “la jefa”, López y los distintos actores (que eran funcionarios), para dar y/o recibir indicaciones o comunicarse vía WhatsApp con otros funcionarios (o secretarios privados de CFK), estaban perfectamente al tanto de todo.

Si todo lo expuesto por el fiscal Luciani es cierto, de nada vale discutir si existió lawfare o no, porque lo que la Justicia debe probar y sancionar es el fraude y el quebranto a las arcas públicas de semejante estafa político social.

Otto Schmucler
oschmucler@gmail.com

No terminó de hablar el fiscal Luciani y desde el Gobierno sacan un comunicado defendiendo a la vicepresidenta y cuestionando al Poder Judicial. No se notó que ya lo tenían preparado, y seguro chequeado con la beneficiaria, no sea cosa que no le guste. Violenta usted Sr. Presidente, con su actitud, a la población toda. Debió mantenerse al margen de opinar ya que hacerlo, y con una causa en proceso, es un acto anticonstitucional.

Lic. Abel Osvaldo Nuccio
aonuccio@hotmail.com

Sería bueno que la Justicia argentina investigara a intendentes y gobernadores que declaran y firman petitorios afirmando que Cristina es proscripta por la Justicia. Sería lógico pensar que forman parte de la asociación ilícita que se benefició con los contratos de Vialidad. El pez por la boca muere.

Dr. José Mario Lenczner
jomalen@hotmail.com

La naturalización del fanatismo en funcionarios

“Los dirigentes rurales deben blanquear su ideología política” decía el nuevo secretario de Agricultura y luego trataba de justificarlo. De acuerdo al sitio web oficial del ministerio sus funciones son otras, y en ningún lugar habla de pasar a sus interlocutores por un filtro de ideología política. En pleno siglo XXI volver a estas prácticas fascistas nos llena de incertidumbre y nos hacen pensar que han nombrado a la persona equivocada. Pero como siempre parece que les está permitido hacer y decir cualquier cosa siempre que pertenezcan a la casta de la militancia partidaria.

No ha cambiado nada para que esperemos transparencia y honestidad. La secretaria de DDHH explota a su empleada doméstica. El ministro de Salud organiza la vacunación VIP. El Presidente viola flagrantemente su propio decreto (en la cuarentena). Parques Nacionales entrega el volcán Lanín a la comunidad mapuche.

En el primer mundo la “ficha limpia” y la idoneidad son condiciones ineludibles para todo funcionario público; aquí estamos muy lejos. Conservo la esperanza de que esto cambie para que mis hijos puedan volver a su hermoso país.

Emilio Hansen
emiliohansen@gmail.com

La “comprensiva visión” de otro lector sobre la grieta

La tan vituperada grieta prácticamente no admite claroscuros. Sus detractores no le reconocen beneficio alguno. Sin embargo, Oscar Samoilovich -en una carta publicada en Clarín- rebate esa extendida convicción. Nos incita a reflexionar y, sobre todo, a no claudicar. Sostiene que, sin disenso, seríamos propensos al pensamiento único y a la imposibilidad de oponernos a regímenes autoritarios. Apela a una lista donde refleja abusos registrados en diversos momentos y por líderes de distinto signo ideológico. Exhorta a imaginar cuál hubiese sido nuestro futuro en caso de no haber podido distinguir las diferencias imperantes y luchado contra las perjudiciales.

En definitiva, la grieta, según su testimonio al que adhiero, nos obliga a preguntarnos qué razón habría para vivir sin ella. Careceríamos de contrastes y nos veríamos impedidos de optar por la solución más idónea. Contrariamente a lo que se cree, en ella anida una oportunidad y no una condena.

Alejandro De Muro
demuroalejandro4@gmail.com