“Elegí a quien nos llevamos, ¿a tu esposa, a tus hijos?”: empieza el juicio por el secuestro de dos familias en un country


El country de Ezeiza en el que en 2016 dos matrimonios y sus hijos fueron secuestrados
El country de Ezeiza en el que en 2016 dos matrimonios y sus hijos fueron secuestrados

-Elegí a quien nos llevamos, ¿a tu esposa, a tus hijos?

-Llévenme a mi

La noche del 20 de marzo de 2016 Julián Rubinska cenaba con su esposa, sus dos hijos y un matrimonio amigo con su hijo en su casa del Centro Israelita Sionista Scholem Aleijem Bialik (Cissab), un country de la comunidad judía ubicado en Tristán Suárez, en la localidad bonaerense de Ezeiza. Pero a las 21:15 todo cambió. Tres hombres encapuchados y armados aparecieron en la casa. No se sabe cómo. Se sospecha que lo hicieron al romper el cerco perimetral o saltándolo.

“Todos al piso”, gritaron mientras mostraban sus armas y amenazaban. Revisaron la vivienda y robaron siete mil pesos, un reloj, los celulares y las alianzas de los matrimonios. Pero pedían más. Exigían más dinero mientras revisaban la casa.

“Elegí a quien nos llevamos, ¿a tu esposa, a tus hijos?”, le decían a Rubinska. “Llévenme a mi”, les contestó. Los ladrones seguían exigiendo más plata y el robo se iba a transformar en un secuestro. Una de las víctimas dijo que en la casa de un familiar había 50 mil dólares.

Con un botín a futuro, lo que se planteó la banda era cómo salir del country con las dos familias de rehenes. Lo hicieron en una camioneta de un familiar de los dueños de casa y por la puerta principal del lugar sin que el personal de seguridad advierta nada raro. Eran las 10 de la noche.

Al salir hicieron unas cuadras y se encontraron con un auto en el que los esperaba el cuarto delincuente. Según consta en la causa judicial a la que accedió Infobae hubo una discusión entre los secuestrados sobre cómo proseguir: quién iba a ir a buscar la plata y qué iban a hacer con las familias.

La decisión fue que Rubinska, la mujer del otro matrimonio y su hijo vayan en la camioneta a buscar el dinero. Los secuestrados se iban a quedar con los otros cuatro rehenes hasta cobrar el rescate. Pero cuando el grupo se dividía surgió un imprevisto. El auto de los captores se quedó en una canaleta. Tuvieron que bajarse a empujarlo.

Los 50 mil dólares fueron retirados de la casa del familiar. “Apurate que te voy a matar al pibe”, le decían a Rubinska por teléfono. Lo llamaban desde el celular de su mujer. Secretario de la Cámara en lo Penal Económico -hoy en la Cámara Federal de Casación-, Rubinska era victima de su trabajo diario: el crimen organizado.

El rescate se pagó en el kilómetro 32 de la autopista Ezeiza-Cañuelas. Fue cerca de las 00:15, tres horas desde que comenzó el secuestro. Dejaron la plata ahí y los secuestrados le dijeron que el resto de la familia estaba de la mano contraria de la autopista. Retomaron y allí estaban.

Los cuatro secuestrados fueron detenidos dos años y medio después, en septiembre de 2018. Y mañana el Tribunal Oral Federal 2 de La Plata comenzará a juzgarlos por los delitos de secuestro extorsivo agravado y robo agravado en poblado y en banda. Los acusados son Marcelo Proz, Sebastián Garay, Maximiliano Montenegro y Carlos Padilla Ardohain. Cómo se dio con ellos tiene una historia detrás.

El tatuaje de uno de los secuestradores que sirvió para indentificarlo
El tatuaje de uno de los secuestradores que sirvió para indentificarlo

Las víctimas declararon en la justicia y algunos de sus recuerdos fueron clave. Puntualmente tres: el ruido de un celular, el descuido de un nombre y un tatuaje. Señalaron que a los secuestradores les sonaba un “prip” como el de los teléfonos Nextel.

Con eso los investigadores rastrearon las antenas de teléfonos de la zona, tomaron los números registrados de esa empresa que impactaron la noche del secuestro y analizaron de quiénes eran. Así llegaron a dos personas con antecedentes penales y comenzaron a investigarlos. Dieron con ellos -sus celulares aparecen en las antenas del country y de donde se pagó el rescate- y luego con el resto de la banda.

Allí aparecieron los otros dos datos que apartaron las víctimas. Contaron que en un descuido uno de ellos llamó por el nombre de pila a otro: Marcelo. También que Marcelo tenía un tatuaje en su pierna izquierda y que una de las víctimas podía reconocer. Eso fue lo que hizo.

Los cuatro acusados fueron identificados en ruedas de reconocimiento. Y una de las víctimas apartó un dato futbolístico. “Es el que señalábamos como Di María. Es el que dirigió todo. Fue el primero de los secuestrados que entró a la casa, era el que nos hablaba y nos amenazaba, y el que dirigía al resto, daba las órdenes a la banda”, declaró en comparación por los rasgos de su cara con el jugador de fútbol Ángel Di María. Era Proz.

Cuando fueron detenidos dos de ellos ya estaban presos en otra causa por robo calificado, abuso sexual y lesiones. Los cuatro se negaron a declarar.

El juez federal de Lomas de Zamora Federico Villena los procesó en septiembre de 2018 por secuestro extorsivo agravado y por robo agravado en poblado y en banda. En octubre de 2019 los fiscales federales Sergio Mola y Santiago Marquevich, de la Unidad Fiscal Especializada en Secuestros Extorsivos, pidieron que el caso sea enviado a juicio oral y público.

El proceso comenzara mañana a las 13 horas. Las siguientes audiencias serán el 16 y 23 de diciembre y tras el receso judicial de enero se retomarán en febrero cuando se prevé que haya alegatos y el veredicto.

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