«Es un sueño que ni siquiera soñé»


– Es un sueño que ni siquiera soñé.

Karen Elizabeth Carabajal pasó horas de su vida indagando acerca de la interpretación de los sueños ajenos. Ahora le llegó el momento de trasladar su máxima aspiración deportiva del terreno onírico a un cuadrilátero. Campeona argentina y sudamericana superpluma, pero también psicóloga especializada en drogadependencias y performer, la porteña de 32 años enfrentará a la irlandesa Katie Taylor, una estrella del pugilismo internacional. La cita será este sábado por la tarde en el Wembley Arena y en disputa estarán los cuatro títulos mundiales de la división ligero.

“Estábamos buscando una pelea en el país, veníamos con varios meses de espera y no se daba, así que estaba un poco frustrada. De la nada surgió este llamado. Nos sorprendió la noticia, no la esperábamos, reconoce Carabajal, a quien hace algunos años ya le habían ofrecido enfrentar a la misma rival, cuando la europea solo había hecho cuatro combates profesionales. Entonces rechazó la propuesta. “Era en otra categoría y en ese momento no nos sumaba tanto ir afuera”, justifica. Hoy el panorama es otro.

Taylor, de 36 años, es la campeona indiscutida de las 135 libras y tiene un récord perfecto de 21 victorias (seis antes del límite). Su último triunfo, en abril en el Madison Square Garden de Nueva York, fue ante la puertorriqueña Amanda Serrano, otra fuera de serie, en la pelea más importante en la historia del pugilismo femenino. Para Carabajal, no hay dudas: la mujer a la que enfrentará en Londres, quien también fue campeona olímpica en la capital británica en 2012, es la número uno libra por libra de la actualidad.

Karen Carabajal comenzó a boxear cuanto tenía 16 años. (Foto: Luciano Thieberger)


Karen Carabajal comenzó a boxear cuanto tenía 16 años. (Foto: Luciano Thieberger)

– ¿Cómo se le gana a la mejor del mundo?

– Con mucho ritmo. Estamos trabajando en eso. Y tendré que estar muy atenta porque ella es muy rápida cuando mete las manos y combina los golpes. Por lo que vi, creo que le puedo ganar en una muy buena noche mía. Tengo que llegar bien, atenta, concentrada, con mucho aire. Estoy apuntando a eso.

– ¿En qué momento de tu carrera y de tu vida te encuentra esta chance?

– En el mejor. Este fue un gran año para mí: comencé un trabajo nuevo, viajé a hacer una obra de teatro. Fue un tiempo de cosecha de un montón de cosas en las que venía trabajando. Y ahora surgió esta posibilidad. Siento que es un año de prosperidad.

Carabajal ha dedicado la mitad de su vida al boxeo desde que, casi por casualidad y junto a dos compañeras de colegio secundario, comenzó a practicarlo a los 16 años en el legendario Almagro Boxing Club, que el 30 de abril cumplirá un siglo. “Ellas empezaron a llegar tarde o faltar y yo me di cuenta de que quería cumplir, llegar a horario, entrenarme, aprender. Al final, ellas dejaron, yo seguí y acá estoy”, cuenta. De todos modos, su universo de intereses y ocupaciones excede largamente las fronteras del ring.

Mientras estaba desarrollando su carrera amateur, comenzó a estudiar Psicología en la Universidad de Buenos Aires. Se graduó en 2015, cuando ya acumulaba una decena de peleas como profesional (debutó el 17 de agosto de 2013 con una victoria sobre Vanesa Calderón en San Francisco Solano). Luego hizo en el Hospital Laura Bonaparte un posgrado de Especialización en Drogadependencias dictado por la Universidad Nacional de Tucumán. Este año empezó a trabajar con adolescentes en el área de consumos problemáticos de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social.

Además de boxeadora, Karen Carabajal es psicóloga y protagoniza una performance experimental. (Foto: Luciano Thieberger)


Además de boxeadora, Karen Carabajal es psicóloga y protagoniza una performance experimental. (Foto: Luciano Thieberger)

– ¿Cuánto te costó compatibilizar el deporte con tu formación?

– Tenía claro que apenas terminara el secundario, tenía que seguir estudiando. Cuando decidí empezar Psicología, acomodé los horarios con los del entrenamiento. Siempre fui muy disciplinada y exigente conmigo. Sabía que la carrera duraba cinco años y quería terminarla en cinco años, hacer cuatro materias por cuatrimestre. Hasta que me di cuenta de que estaba sufriendo. Me dije: “Estoy estudiando y boxeando porque me gusta, tengo que disfrutarlo. Nadie me obliga, nadie me corre”. Bajé la exigencia y así empecé a disfrutar cada etapa.

Su inclinación vocacional estuvo motorizada por una situación familiar con la que debió convivir desde que estaba entrando a la adolescencia y poco después de que su madre se mudara a Misiones. “Cuando mi mamá se fue, mi papá abrió su etapa de alcohólico. La casa era un descontrol, él estaba alcoholizado todo el tiempo. Pero yo no me quería ir, sentía que este era mi lugar, por eso me quedé con él y con mis abuelos. Hasta que, en un momento de lucidez, él decidió irse porque ya no daba para más. Un tiempo después, me llamó para decirme que estaba viviendo en la calle con unos amigos y que no quería generarme malestar”, explica.

Padre e hija perdieron contacto durante unos años hasta que la casualidad volvió a unirlos. “Un día lo crucé debajo de un puente, donde estaba viviendo. Ahí empezamos a tener algo de contacto”, recuerda. Y añade: “Yo siempre respeté su decisión, entendí que eso era lo que él quería. Mi objetivo no era salvarlo, lo único que podía hacer era ir a verlo, charlar un poco, aunque se hacía difícil por el estado en el que estaba”. Hace poco más de dos años, justo el día en que entregó el trabajo final integrador de su posgrado, le informaron que su padre había fallecido como consecuencia de un cuadro de cirrosis.

– ¿Cómo procesaste esa pérdida?

– En ese momento sentí que todo el trabajo y el esfuerzo que había hecho habían llegado a su fin y era el momento de hacer todo por mí, de disfrutar. Él ya no iba a seguir sufriendo y yo ya no tenía que preocuparme por si estaba bien, si pasaba frío, si tenía hambre. Eso le dio fin a una etapa y ahora estoy viviendo otra: soy mamá, vivo con mi familia, estoy formando una nueva estructura. Siento que soy feliz.

– ¿Esa situación familiar también influyó en que te acercaras al boxeo?

– Creo que sí. El boxeo fue una forma que encontré para expresar todo lo que no podía decir con palabras. Con el cuerpo se pueden expresar muchas cosas. Yo no la pasé tan mal. O, al menos, no me di cuenta. Pero evidentemente no podía asimilar algo de lo que estaba sucediendo a mi alrededor y necesité una forma de sacarlo. El boxeo fue ese camino. Además me dio un objetivo en la vida, me orientó, formó mi personalidad.

Karen Carabajal se entrena y da clases de boxeo en el Almagro Boxing Club. (Foto: Luciano Thieberger)


Karen Carabajal se entrena y da clases de boxeo en el Almagro Boxing Club. (Foto: Luciano Thieberger)

El pugilismo no fue la única forma de expresión corporal que encontró. En 2017 se sumó a Daimón, una performance experimental dirigida por el coreógrafo colombiano Luis Garay que interpreta junto a Valeria Fontán, fisicoculturista y crossfiter. Después del estreno en el Teatro Argentino de La Plata, la presentaron ese año en Río de Janeiro. Hace poco más de un mes la llevaron a Düsseldorf (Alemania) y en noviembre harán presentaciones en Perú. “Me costó mucho, pero me enganché. Está buenísimo, pude ir más allá de lo que estaba acostumbrada. Es otro ambiente, me permitió conocer a un montón de gente que es muy diferente a mí”, destaca.

En 2019, Daimón tuvo estaciones en Leeds, San Pablo y Ciudad de México, pero Carabajal no participó porque estaba cursando el embarazo de su hija, Ludmila. Ello y luego la pandemia de coronavirus la mantuvieron alejada de los cuadriláteros durante 39 meses. Reapareció el 23 de julio de 2021 con un triunfo por nocaut técnico ante Flavia Quintero en una velada organizada por Chino Maidana Promotions, la empresa del ex campeón mundial que orienta su carrera.

– ¿Te costó ese período de inactividad?

– Me pasó lo mismo que con el estudio: no quería perder tiempo, quería volver a entrenarme apenas nació mi hija. El profe me decía que me quedara en casa con la nena y que disfrutara la maternidad. Entonces me dije: “Se es madre una sola vez, mi hija va a tener un mes o dos meses solo una vez”. Me relajé un poco porque me estaba volviendo loca. Y cuando todo se estaba normalizando, me agarró la pandemia. Fue bastante caótico, pero son experiencias que cuando pasan, te suman un montón.

“Nunca tuve pensamientos negativos hacia mis padres. Si soy quien soy hoy, es gracias a ellos, a lo que hicieron como pudieron", asegura Karen Carabajal. (Foto: Luciano Thieberger)


“Nunca tuve pensamientos negativos hacia mis padres. Si soy quien soy hoy, es gracias a ellos, a lo que hicieron como pudieron», asegura Karen Carabajal. (Foto: Luciano Thieberger)

Pasado el vendaval, volvió al Almagro Boxing Club, el lugar en el que se entrena desde hace 16 años, en el que da clases y al que ve como algo más que como un simple espacio de trabajo. “Este es mi lugar. Si no hubiese llegado acá, seguramente no habría seguido con mi carrera. La gente del gimnasio siempre me acompañó. Encontré un lugar de pertenencia y eso hizo que siempre quisiera seguir buscando y aprendiendo”, explica.

En el gimnasio emplazado en Díaz Vélez y Yatay conoció a Fernando Albelo el primer día en que cruzó la puerta corrediza metálica que da acceso a ese universo de guantes, bolsas y vendas. Desde entonces, los caminos del entrenador y la discípula nunca se separaron, al punto que ella rechazó una oferta para sumarse al seleccionado argentino con otro técnico hace unos años. Y fue Albelo quien le puso, por la forma de sus ojos, un apodo bastante atípico en el duro mundo del boxeo: Burbuja.

“Lo encontré en un momento complicado de mi vida y sentí que él ocupaba un lugar de guía, me protegía. Creo que no podría trabajar con otro profesor”, sostiene Carabajal. Junto a Albelo y al equipo que la acompaña desde que comenzó su aventura (su segundo, Juan Pablo Cacace; su preparador físico, Gabriel Rezzonico; y su psicóloga, Yesica Rovelli) se prepara ahora para el reto más desafiante de su inmaculada carrera profesional, que se compone de 19 triunfos. “Tener esta posibilidad es cumplir un objetivo nuestro, no solo mío. Lo construí con él y con la gente del gimnasio”, asegura.

Karen Carabajal ganó sus 19 peleas profesionales desde que debutó en agosto de 2013. (Foto: Luciano Thieberger)


Karen Carabajal ganó sus 19 peleas profesionales desde que debutó en agosto de 2013. (Foto: Luciano Thieberger)

El que protagonizará ante Katie Taylor será su primer combate fuera del país. Y será por cuatro cinturones frente a una superestrella del boxeo mundial y como estelarista en una velada en el Wembley Arena, un templo del pugilismo británico que seguramente tendrá ocupados sus 12.500 asientos.

– ¿Cómo se hace para que el contexto no te condicione?

– La verdad es que no estoy nerviosa ni ansiosa, estoy disfrutando porque oportunidades como esta no se dan seguido. Ella es la mejor del mundo y yo no tengo nada que perder. Pero obviamente quiero subir al ring y ganar. Sería el cierre ideal para el mejor año de mi vida.

Mirá también