Esteban Bullrich, un compromiso inclaudicable


Con la pandemia, las escuelas permanecieron cerradas casi dos años y las evaluaciones se interrumpieron. La educación volvió a quedar en un cono de sombras. Conocí a Esteban Bullrich en un acto de campaña en Mataderos, en el año 2003. Yo era candidata a legisladora por Unión por Todos y él militaba en Recrear.

Esteban acababa de dejar una carrera exitosa como ejecutivo de grandes empresas. Tendría treinta y pocos años. En el acto estaba con su joven esposa, mi tocaya María Eugenia, y una beba en un cochecito, Luz, su primera hija. Ambos nos metimos en política impulsados por la crisis del 2001.

“¿Cuánto le durará el compromiso?”, me pregunté, con ese prejuicio de clase que puede ser aún peor entre integrantes de un mismo sector social que entre diferentes. Imaginé que la vida más mullida del empresario tal vez no lo había preparado para la aspereza y los contrastes ideológicos y culturales de la política. Si bien veníamos de un entorno parecido, el periodismo me había entrenado en las lides de la vida pública, el arte de la argumentación y a mezclarme con personas de todo tipo.

Veinte años despues de aquel encuentro, yo estoy mirando la política dese afuera, dolida y perpleja ante el desquicio de nuestro país, y Esteban sigue ahí, militando, poniendo el cuerpo y el alma a pesar de estar cada vez más limitado por una cruel enfermedad. En abril, el senador de Juntos por el Cambio dio la triste noticia que padece Esclerósis Lateral Amiotrófica, una patología que provoca una progresiva parálisis muscular y que actualmente le impide hablar y comer por sus propios medios.

En estos días, al ver un video en el que aparece en una peregrinación de la Virgen del Cerro en Salta, con su cuerpo visiblemente fragilizado pero su espíritu en alto, consolando a otros enfermos como él, no pude refrenar el impulso de compartir algunas vivencias compartidas. El joven “sin experiencia política” no titubeó en ponerse al frente del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires en 2010 cuando el ex jefe de Gobierno Mauricio Macri enfrentó serios problemas en esa área.

Durante seis años, como miembros de la Fundación RAP compartimos un maravilloso grupo federal de políticos de distintos partidos dedicados a estudiar los problemas de la educación. La mayor dificultad que encontramos fue que a nivel nacional y provincial los ministerios carecían de información precisa para saber qué estaba pasando en cada escuela, distrito y provincia.

Los resultados de los alumnos argentinos habían caído a pique desde el año 2000 en las pruebas internacionales PISA. de lengua, matemática y ciencia. La mayoría de los especialistas ligados a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, así como los líderes sindicales, criticaban la metodología de estas evaluaciones pero se negaban a hacer mediciones propias regulares y censales para saber dónde estaban los problemas y mejorar. Decían que evaluar era “estigmatizante”.

Como Ministro de Educación de la Ciudad Esteban creó por ley un organismo de evaluación que le permite saber a cada escuela, director y docente dónde están las dificultades. Hizo lo mismo como Ministro de la Nación creando el Operativo Aprender. Gracias a esta iniciativa, a principios de 2020 el ex ministro Nicolás Trotta pudo anunciar que en lengua, el 61,7% de los alumnos en las pruebas Aprender alcanzaron los niveles satisfactorio y avanzado, una mejora de 11 puntos desde 2013. En ciencias naturales, un 66,5% alcanzó niveles satisfactorios y un 8,3 avanzado. Pero en matemática solo el 26% logró un nivel satisfactorio y el 2,6 avanzado.

Como el sistema diseñado por Bullrich mide también la equidad educativa, Trotta pudo informar que las desigualdades se acentúan en la brecha de aprendizajes entre escuelas estatales y privadas. En matemática, por ejemplo, el 52,1% de los alumnos de escuelas estatales alcanzaban niveles por debajo del básico y solo 25,7 de las privadas. En 2018 solo el 43% de jóvenes de hogares con menores ingresos finalizó el secundario, mientras el 91% de hogares con mayores ingresos lo hizo.

Pero la experiencia más profunda que compartí con Esteban fueron varios retiros espirituales para políticos que organizaron él y otros dirigentes católicos.

Me invitaron sabiendo que no era del Pro y que muchas veces había dicho públicamente que era divorciada, madre soltera, vivía en concubinato y estaba a favor del aborto. Sin dogmas ni sectarismos, en una oportunidad me pidieron que diera testimonio de cómo vivía mi fe cristiana y mi íntima relación con Dios. En esos retiros ya no éramos ni liberales, ni peronistas, ni radicales, ni socialistas, ni católicos ni no católicos. Nos encontramos hermanados y a corazón abierto, sin caretas, sin ideologías, ni grietas.

En un retiro, Esteban y María Eugenia dieron un testimonio que nunca olvidaré. Él confesó con cierta picardía que para llegar al altar con “Uque” como todos la llaman tuvo que dejar atrás sus hábitos de soltero. “Desde entonces Dios es una presencia viva en nuestra pareja y nuestra familia”. Contaron que cuando Luz enfermó de cáncer a los 7 años y nuevamente a los 13, fue su fe inclaudicable y los grupos de oración lo que los ayudó a sobrellevar situaciones extremas.

Es la misma fe que le hace decir hoy: “Todavía tengo mucho para dar”; y que le permite dar entrevistas televisivas y conferencias aunque no pueda hablar. Es lo que le hizo escribir en su cuenta de twitter desde Salta: “Hoy es el día más feliz de mi vida”.

Cuando sentimos que podemos perderlo todo, descubrimos que hay algo más, mucho más poderoso, que se llama alma, espíritu, amor. Es una fuerza invencible. Esteban lo expresa por pura presencia.

Sin palabras, expresa una Palabra que mueve montañas. Ahora que el presente y el futuro de nuestra Argentina penden de un hilito, ¿podremos escuchar su mensaje, unirnos, hermanarnos y emular su ejemplo de entrega y generosidad? .

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