La leyenda trágica de Little Bastard, el Porsche maldito que mató a James Dean


“Viví rápido, morí joven y dejá un lindo cadáver”.

Esta frase fue pronunciada por Humphrey Bogart en la película Horas de Angustia, pero muchas veces se le atribuyó a James Dean, porque esas palabras les dieron forma a tres sentencias que encajaban mucho mejor en el perfil del galán rebelde que, en efecto, vivió rápido, murió joven y dejó el recuerdo de una cara bonita que pudo haber sido una longeva estrella de Hollywood. No lo consiguió porque era un apasionado por la velocidad.

No llegó Dean siquiera a vivir 27 años e integrarse a ese extraño grupo de músicos que fallecieron a esa edad enigmática: Jim Morrison, Amy Winehouse, Kurt Cobain, Janis Joplin, Jimi Hendrix… El bueno de James encajaba con el perfil vertiginoso de un rock star, desprejuiciado e irreverente, tanto que no fue capaz de escuchar a quienes le aconsejaron, en forma premonitoria, que no se subiera al auto en el que iba a morir.

Década del 50. La Europa de posguerra empezaba a mostrar qué podía aportarle a la alta performance, a través de marcas que habían nacido en los primeros años del siglo pero que por culpa de los conflictos bélicos no habían podido trascender las fronteras continentales. Y Estados Unidos se convertía en un mercado fuerte, en especial en la costa oeste, donde las luces del cine iluminaban a sus grandes celebridades.

James Dean tenía 24 años cuando murió, en 1955.

James Dean tenía 24 años cuando murió, en 1955.

James Byron Dean, acuariano nacido el 8 de febrero de 1931 en Marion, una ciudad del estado de Indiana que es famosa por haber dado a luz a la estrella. La historia oficial indica que 76 días más tarde, el 25 de abril, Ferdinand Porsche fundó la marca que lleva su apellido. Y 25 años después, Dean iba a pasar a la inmortalidad al volante de un auto que lo tenía enamorado. Tanto que le puso nombre: Little Bastard. Otra premonición.

Un Porsche maldito

El primer gran auto de Porsche fue el 356, presentado en 1948. Había tomado líneas del Escarabajo de Volkswagen que el propio Ferdinand Porsche diseñó a pedido de Adolf Hitler, antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial.

El primer Porsche de James Dean fue, efectivamente, un 356 Speedster, que con el paso del tiempo se iba a convertir en el padre del 911.

James Dean saluda al volante de Littlle Bastard.

James Dean saluda al volante de Littlle Bastard.

El 356 era un auto de alta performance que podía superar los 220 kilómetros por hora. El 550 Spyder, de 1953, tenía tremendas prestaciones y un intangible fundamental en un auto: carisma, el mismo de James Dean. Por eso la confluencia entre ambos era casi inevitable, un designio del destino, para quienes creen que la vida es un juego con cartas marcadas.

Porque el 550 Spyder no era el auto que había elegido Dean; tal vez el auto lo eligió a él. La leyenda dice que estaba maldito, tanto que muchas partes del mismo modelo que fueron compradas a través de los años tuvieron a su alrededor otras tragedias además de la primera, la que mató a la estrella.

El año, 1955. El actor había terminado el rodaje de su tercera película, Gigante. Sólo una sola estrenada, Al Este del Edén, le había confirmado la pátina estelar que empezó a construir en Broadway.

El Ford contra el que chocó James Dean.

El Ford contra el que chocó James Dean.

Como amante de la velocidad, el tiempo libre lo llevó a inscribirse en una carrera en Paso de Robles (California). Lo iba a hacer con un Lotus MK10, pero el auto no llegó a tiempo. Por ello aceptó la propuesta de un amigo, George Barris, de conducir el descapotable de Porsche, del que sólo se produjeron 90 unidades.

Barris fue un preparador muy vinculado con Hollywood, tanto que fue el responsable de customizar modelos famosos en el cine y en series, entre ellos el Lincoln Futura que convirtió en el Batimóvil que condujo Adam West.

En este caso, fue el responsable de darle al Porsche el toque personal requerido por Dean para la carrera: lo pintó en color gris metálico, le colocó el número 130 en las puertas y lo adornó con un par de líneas rojas.

Dean lo probó por primera vez el 21 de septiembre de 1955. Se encontró con un auto furioso y difícil de domar por sus características. Potente y liviano, ese día lo apodó Little Bastard.

El Porsche de James Dean irreconocible tras el siniestro.

El Porsche de James Dean irreconocible tras el siniestro.

Con la flamante adquisición, el joven actor acudió el 23 de septiembre a una cena en Los Ángeles con otras estrellas emergentes. Invitó a Ursula Andress a dar una vuelta en el Porsche, pero la actriz rechazó el convite. Años más tarde, la cantante de jazz Eartha Kitt admitió haber sentido “una energía siniestra” cerca del auto.

El británico Alec Guinness le aconsejó que no compitiera en la carrera de Paso de Robles. Y contó tiempo después la charla que tuvieron esa misma noche angelina.

-¿Qué velocidad tiene el auto?

-Llega a 240 kilómetros por hora.

-Te doy un consejo: si vas a correr con ese auto, la semana próxima estarás muerto. Por favor, no lo hagas.

El Porsche, remolcado. James Dean murió camino al hospital.

El Porsche, remolcado. James Dean murió camino al hospital.

El 550 Spyder, con mucho componente en aluminio, pesaba apenas 600 kilos. El motor boxster de cuatro cilindros atmosférico desarrollaba 110 caballos; la relación peso-potencia era extraordinaria, por lo que superaba con holgura los 200 kilómetros por hora y podía doblar con mucha facilidad. Era una pieza de altísima performance, ideal para competir pero en manos expertas.

No hubo pedido ni consejo que le sacara a James Dean la idea de acelerar a Little Bastard. El 30 de septiembre inició el viaje para recorrer los poco más de 330 kilómetros que separan Los Ángeles de Paso de Robles, hacia el norte de California. El Porsche era llevado a remolque por una pick up que conducía su amigo Bill Hickman; en otro auto viajaban su mecánico, Rolf Wuetherich, y el fotógrafo Sandford Roth, quien le iba a tomar la última imagen en vida.

A mitad de camino, el actor improvisó: bajó el Porsche del tráiler para llegar manejando a destino. Lo acompañó el mecánico. Lo aceleró sin pausa. Un policía de tránsito lo detuvo y al reconocerlo, sólo le hizo una advertencia para que redujera la velocidad, sin multa mediante.

Un Porsche 550 Spyder en la actualidad.

Un Porsche 550 Spyder en la actualidad.

James Dean tenía 24 años, además de fama, fortuna, buena vida… Transitaba por la ruta 41 y al llegar a cruce con la 466, donde pasadas las cinco de la tarde se topó con un Ford Custom Tudor que conducía Donald Turnupseed. Según las pericias, Little Bastard iba a 135 kilómetros por hora.

El Ford de Turnupseed (que era un año menor que Dean) quedó destrozado en la parte delantera derecha. El Porsche terminó estrellado contra un poste, hecho una pila de metal irreconocible. Rolf Wuetherich salió disparado del Spyder y sufrió varias lesiones, pero sobrevivió. El conductor del otro auto apenas tuvo golpes leves.

La senda maldita de Little Bastard

James Dean murió en una ambulancia camino al hospital. Sus últimas palabras consciente fueron “este tipo tiene que habernos visto”, esperando que el Ford de Turnupseed frenara.

El Porsche 550 Spyder lo exhibieron en escuelas para crear conciencia.

El Porsche 550 Spyder lo exhibieron en escuelas para crear conciencia.

Los restos del Porsche fueron exhibidos por las autoridades en escuelas californianas. “El Consejo de Seguridad de Los Ángeles presenta: el último auto de James Dean”, decía un cartel con tono casi irónico. Y en otro había un mensaje claro: “Este accidente se pudo haber evitado”. Y describió el episodio luctuoso.

Little Bastard se había cobrado la primera víctima en una lista de incidentes atribuidos a los poderes malditos del auto. La chatarra del Porsche 550 Spyder fue comprada por George Barris, el mismo que lo había customizado. El propio restaurador se encargó de esparcir las historias alrededor de esos restos, lo que a muchos les generó la duda de si se trató de una estrategia de marketing para realzar el valor en medio de una gira que hizo por todo el país.

Leyenda o realidad, se dijo que cuando los restos del auto llegaban al taller de Barris, cedieron los cables de la grúa, el Porsche cayó sobre uno de sus mecánicos y le rompió las dos piernas. Tras ello, decidió no restaurarlo, lo desguazó y vendió sus piezas.

El motor lo compró Troy McHenry, un médico, quien se lo colocó a su propio Porsche; se mató al chocar contra un árbol. Y la caja de cambios fue adquirida por otro doctor, William Eschrid, quien sufrió graves heridas al salirse de pista en una carrera.

Un ladrón perdió un brazo cuando intentó robar el volante del auto. Y en la gira con los restos del auto por Estados Unidos, se contabilizaron otros misteriosos incidentes, entre ellos cuando en Sacramento, parte del auto sobre un estudiante y le rompió la cadera. En el final de ese viaje por el país, los restos de Little Bastard desaparecieron y nunca más se supo del Porsche.

Casi un mes después del siniestro, en Estados Unidos se estrenó Rebelde sin Causa, la película más icónica de James Dean. La estrella ya no estaba; una pérdida que tal vez se pudo haber evitado si escuchaba a Alec Guinness, quien en su pronóstico mortal apenas se equivocó por unas horas.