La Navidad, una celebración prohibida durante siglos en casi todo el mundo que aún vedan muchos países


Hoy los países compiten por armar el árbol más bello y suntuoso (Shutterstock)
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En occidente damos por hecho las celebraciones públicas y privadas con motivo de la Navidad. Devenida en la actualidad en festividad cristiana muy diluida y carente de todo sentido religioso. Son días frenéticos. En los países del hemisferio norte, el frío y la nieve complican todo de manera superlativa. En los países que pertenecen al hemisferio sur el calor sofocante, y el inicio de la temporada estival también hacen lo suyo.

El “espíritu de la Navidad” hoy se resume en: compras frenéticas y desesperadas; largos atascos en las rutas, armar las listas de invitados a la vísperas de la Navidad y al 25 de diciembre; preparar toneladas de comida y bebida. ¡¡¡ Cuanta alegría y gozo para celebrar el nacimiento de Jesús, el Mesías, el Señor !!!; ¿verdad?

Surge una duda, ¿siempre se celebró la Navidad como fecha religiosa y civil? Veamos…

La celebración navideña del 25 de diciembre estuvo prohibida en Inglaterra y todos sus territorios de ultramar durante 17 años, en el siglo XVII. En la fecha, oficialmente declarada “día laborable”, los ciudadanos tenían prohibido emborracharse, comer en exceso (sí, prohibido comer en exceso, so pena de prisión…). Las tiendas estaban obligadas a permanecer abiertas; hasta se habían prohibido las reuniones familiares, incluso decorar las casas también estaba fuera de la ley.

El responsable fue Oliver Cromwell y la prohibición permaneció vigente desde 1643 hasta 1660. Cromwell, junto a otros miembros del parlamento inglés declararon ilegal todo aquello que pudiera representar la celebración de la Navidad. El gobierno puritano veía los festejos como una celebración pagana, sin ninguna justificación bíblica, dado que no hay una sola letra de que Cristo hubiese nacido el 25 de diciembre. Por tanto decidieron llevar al parlamento una ley que declaraba el 25 de diciembre como “día laborable”. En el diario de sesiones de la cámara de los Comunes se especificó que: “las tiendas y negocios deberán mantenerse abiertas el 25 de diciembre, comúnmente conocido como día de Navidad y se prohíbe acudir a cualquier acción ni ofrenda religiosa en las iglesias vinculada a esa festividad”. Pero no todos los ciudadanos del Reino Unido eran puritanos, la situación trajo consecuencias muy grandes. Obviamente, la mayoría pertenecía a la Comunión Anglicana, pero también habían luteranos, calvinistas, católicos, etcétera…

Para saborear. El pesebre de dulce más grande del mundo se hizo en Colombia en 2018
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En Massachusetts, actual Estados Unidos de Norte América, en 1659 la prohibición de la Navidad se hizo oficial. El tribunal general de las colonias prohibió la celebración y otros días de fiesta como el año nuevo en las comunidades de Virginia, Massachusetts, New Hampshire, Maryland, Connecticut, Rhode Island, Delaware, Carolina del norte, Carolina del sur, Nueva Jersey, Nueva York, Pensilvania y Georgia. Al mismo tiempo que prohibía los juegos de azar y otros comportamientos considerados fuera de la ley, como ser beber alcohol u holgazanear. El Tribunal dispuso una multa de cinco chelines a quienes fueran encontrados festejando o celebrando la fecha. Este hecho nos lo relata le Reverendo Increase Mather en un escrito de 1680: “La costumbre de mantener y celebrar la Navidad es una deshonra para el nombre de Cristo. ¡Cuán pocos son comparativamente los que pasan esos días de fiesta (como se les llama) de una manera santa. Pero la mayoría se consume en competencias, interludios, en jugar a los naipes, en orgías, exceso de vino, en una loca e inmotivada alegría, muy lejos de la constante austeridad y penitencia que marca nuestra fe…” Por las mismas razones que en Inglaterra, no hubo Navidad entre 1659 y 1681. La festividad retornó junto con la monarquía en Inglaterra y no fue hasta mediados del siglo XIX que esta celebración se puso de moda en Boston. Fue recién en 1870 cuando la Navidad se convirtió en un día festivo federal bajo el mandato del presidente Ulysses Grant, cuando los habitantes de los Estados Unidos de Norte América vieron en ellas muchas oportunidades comerciales, y el respeto a las libertades individuales y de culto.

En Escocia, la prohibición duró mucho más, casi 100 años. Pero, como es natural en el ser humano, lo prohibido tienta. Dicha restricción con el tiempo causó el efecto contrario: la Navidad comenzó a ser más popular que antes.

La revolución francesa también hizo su aporte a la cancelación no solo de la Navidad, sino de la religión y hasta del calendario. El consejo de París instituyó una nueva religión el 20 de Brumaire (10 de noviembre) de 1793 en la catedral de Nôtre Dame de París, estableciéndose el culto a la “diosa razón” y para ello se construyó en el interior del templo un trono sentándose como representante de la diosa razón a la cantante de ópera Mademoiselle Maillard. El día 4 del mes de Nivôse (25 de diciembre) se celebró el día del nacimiento de esta nueva divinidad del panteón de los revolucionarios. Mutando de la celebración de la Navidad cristiana para festejar el nacimiento de la diosa razón.

Pero no todas las prohibiciones fueron en siglos pasados. Apenas cien años atrás, en el continente la celebración navideña tuvo su cuota de veda.

Los festejos incluyen compras frenéticas en todos los shoppings del planeta Cortesía Aplazo
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En Alemania, durante el nazismo, la celebración de la Navidad fue cambiada en su simbolismo. Celebrar el nacimiento de un judío en Palestina de madre y padre judío y rodeado de judíos; no entraba dentro de las leyes de pureza del régimen nazi. Por tanto había que modificar con urgencia esta festividad, ya que la consideraban una herencia ajena y nociva a la cultura y tradición aria germana. Se renombró la Navidad como el festival “Julfest”, en el cual se celebraba el solsticio de invierno. Se enseñaba que la esvástica era un antiguo símbolo del sol y que papá Nöel era una reinvención cristiana del germano dios Odín. La Sagrada Familia mutó su iconografía tradicional; María era una madre de largos cabellos rubios, José sería fornido y musculoso y Jesús se presentaba como un niño rubio de ojos celestes. Los villancicos también fueron transformados; las palabras para “Noche de paz” fueron cambiadas por lo que no hizo referencia a Dios o Cristo o a la celebración del nacimiento de Jesús. Había que arrancar de cuajo una religión cuyo Mesías y Dios era un judío y volver a los dioses nórdicos. Obviamente, la mayoría de los clérigos, tanto luteranos como católico,s se opuso a esas modificaciones. Toda esta locura concluyó con la derrota del nacional-socialismo.

Por supuesto que en los países miembros de la antigua Unión Soviética se prohibió taxativamente la Navidad. Una vez caído el muro de Berlín, el nacimiento del niño Jesús, junto con otras fiestas religiosas de cada país, volvieron a instaurarse.

El 2 de enero de 1969, Fidel Castro eliminó las fiestas navideñas declarando días laborables Navidad, Año Nuevo y Reyes; y por supuesto, cualquier decoración alusiva. Esos días festivos se celebrarían en torno al 26 de Julio, fecha fundacional de la revolución cubana. Lo que hizo decir a los periódicos de todo el mundo: “Fidel Castro traslada la Navidad al 26 de julio”, cosa que no era cierto, sino que esos días serían no laborables. Pero el no mencionar la festividad caló hondo en el pueblo porque se había perdido tanto la tradición que durante la visita del Papa Juan Pablo II un cubano entrevistado para la TV sueca, respondió: “el 25 de diciembre fue cuando crucificaron a Cristo”. Treinta años después el mismo Fidel restableció las fiestas de Navidad como celebración no laborable y también autorizó la entrada a la isla de cuarenta sacerdotes, religiosos y religiosas extranjeros para realizar su trabajo pastoral en distintas diócesis. No obstante y a raíz de la muerte de Fidel Castro, el régimen cubano declaró “luto extendido” mediante el cual quedó prohibido ese año cualquier tipo de celebración en espacios públicos y privados, lo que incluyó los festejos por Navidad y Año Nuevo.

En la actualidad hay muchos países donde la Navidad solo se puede celebrar en ámbitos privados o en templos, aunque en algunos está totalmente prohibida la festividad, a saber: Arabia Saudita, Argelia, Irán, Tayikistán, Corea del Norte, Brunei, China, Tailandia y Somalía.

Las tiendas más lujosas también se visten de Navidad
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La Unión Europea emitió, hace unos días, unas pautas bajo el nombre de “Union of Equality” de 32 páginas, en las cuales se trataban varios temas sobre el trato inclusivo que se deberían dar a las minorías étnicas y religiosas en los países miembros. En ese escrito figuraba que el término “Feliz Navidad”, con el cual se saluda en casi todos los países miembros de la Unión Europa, mayoritariamente cristianos en sus diversas vertientes, no sería un saludo inclusivo, sino solo representativo de un sector de la sociedad europea. El opúsculo sostenía que por respeto a las minorías étnicas y religiosas que habitan en los países de la U.E., el saludo debería ser cambiado por “felices fiestas”. El fundamento de esta decisión está basado en que “…no todos los que participan de las celebraciones cristianas son cristianos y que no todos los cristianos las celebran en las mismas fechas…”. El saludo propuesto era considerado como superador, como la mejor manera de cumplir con las salutaciones y no generar controversias y molestias a las minorías. Asimismo, la nota de la U.E. sugería a los países miembros que, dentro de lo posible, no utilicen más los nombres con referencias religiosas cristianas o típicos de un culto. Como ser: María, José, Juan, etcétera… Podríamos decir, por ejemplo, que en España nadie más podría llamarse Concepción, Pilar, José, Benito… y en Italia Giuseppe, Tommaso, Lucía, Agnese, Paolo… Nombres de clara influencia cristiana. El fundamento es el respeto a las minorías, que podrían generar un conflicto ético y moral debido a las creencias religiosas del interlocutor.

Estas pautas hicieron sonar las alarmas en la mayoría de los gobiernos, los que defendieron, algunos con gran vehemencia, que todos los países de la U.E. son mayoritariamente cristianos y que no ofende a las minorías que las mayorías celebren sus conmemoraciones religiosas, por el contrario, muchas veces las apoyan y promueven.

El tema fue escalando hasta llegar a tal punto que el propio papa Francisco, quien en el vuelo de retorno de Atenas a Roma, luego de su viaje apostólico a Chipre y Grecia, realizado del 2 al 6 de diciembre, dijo: “es un anacronismo, un anacronismo de la Historia. Tantas dictaduras han buscado hacerlo: piensa en Napoleón, piensa en la dictadura nazi y la comunista. Es una moda de la laicidad diluida, agua destilada. Esta es una cosa que no funcionó durante la Historia, pero me hace pensar en una cosa que, hablando de la Unión Europea, creo que es necesaria, que debe tomar en sus manos los ideales de los padres fundadores, ideales de unidad, de grandeza. Estar atento a no dar paso a las colonizaciones ideológicas. Esto podría llegar a dividir los países y afectar a la Unión Europea”.

Tal fue el escándalo de estas pautas que un vocero de la U.E. tuvo que aclarar que no estaban prohibiendo el uso de la palabra “Navidad”, que “celebrar la Navidad y usar nombres y símbolos cristianos es parte de la rica tradición europea” y que solo se trataba de un documento interno para aumentar la conciencia de una comunicación inclusiva (sic). Helena Dalli, comisaria de la Unión Europea para la igualdad y responsable de las indicaciones para la comunicación externa e interna de la U.E., reconoció que “no es un documento maduro, por lo tanto, lo retiro y seguiremos trabajando sobre el el escrito”.

En nuestro país, el tema es dispar. En la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, los gobiernos municipales como el de la Ciudad Autónoma evitan manifestar cualquier relación de la Navidad con el nacimiento de Jesús y si lo hacen es tangencial, dado que consideran que desear “Feliz Navidad” es saludar solo a los cristianos, dejando de lado a los miembros de otros cultos o ateos. Estas decisiones son motivadas por el pluralismo religioso y étnico de los grandes centros urbanos.

Como hemos leído, son los políticos los que a lo largo de la Historia se han esmerado y se esmeran con notables esfuerzos en descristianizar la fiesta de Navidad. A través del tiempo nunca pudieron lograr plenamente su cometido. Jamás escuché, oí a nadie que no sea cristiano, quejarse por la celebración pública de la Navidad. Los judíos celebran Janucá, los musulmanes la fiesta del fin del mes de Ramadán, los orientales el año nuevo chino… y lo hacen de manera pública. Todos felices y nadie se queja.

Como sea, por más que se esmeren e intenten hacer olvidar al pueblo la celebración de la Navidad, es obvio que los esfuerzos son fútiles. Durante siglos se ha intentado con persecuciones, matanzas, destruyendo iglesias y no lo han podido lograr La Navidad se celebrará igual. En las casas de muchos se recordará el nacimiento de Jesús y otros celebrarán la amistad y la vida. Y en ambos casos, sea una familia religiosa o no, todos estaremos celebrando la vida, que siempre, siempre, siempre retorna a nosotros.

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