La reina Isabel II fue nuestra mejor embajadora


El jueves 8 a la tarde, de un momento a otro, mi título pasó de ser Her Majesty’s Ambassador a His Majesty’s Ambassador.

Ese pequeño cambio en un adjetivo posesivo de femenino a masculino —que en español no se percibe porque ambos títulos se traducen como Embajadora de Su Majestad— representa un acontecimiento de proporciones históricas para mi país.

Al igual que la gran mayoría de la población británica, nunca en mi vida, había vivido bajo el reinado de otro soberano. Cuando nací, en 1977, la Reina Isabel II ya llevaba 25 años en el trono.

Ella ejercía el rol de monarca constitucional y Jefa de Estado, pero no dirigía la política de Estado. En cierta medida es una función primordialmente protocolar, pero esta descripción no hace justicia al fundamental papel desempeñado por nuestra soberana como garante de la estabilidad de la nación, ni al afecto que sienten por ella sus súbditos.

La embajadora de Gran Bretaña en la Argentina, Kirsty Hayes. Foto Fernando de la Orden

La embajadora de Gran Bretaña en la Argentina, Kirsty Hayes. Foto Fernando de la Orden

Quince primeros ministros sirvieron bajo su reinado, empezando por Winston Churchill. El hecho de que haya personalmente puesto en funciones a la Primera Ministra Liz Truss uno de los últimos días de su vida demuestra su inquebrantable vocación de servicio público.

Realizó más de 260 visitas oficiales a 117 países, recorriendo casi 1,7 millón de kilómetros. Como nos gusta decir en el Foreign Office, fue ella nuestra mejor embajadora.

Me emocioné mucho con los conmovedores mensajes de condolencias que recibí de tantos argentinos y con los homenajes que se le brindaron en todo el mundo, desde Macron, que dijo: “Para ustedes era vuestra Reina, para nosotros era La Reina”, hasta Biden, quien declaró “Su Majestad fue más que una monarca. Definió a una era”.

Una foto de la reina Isabel, en Londres. Foto AFP

Una foto de la reina Isabel, en Londres. Foto AFP

Es tradición que los embajadores británicos y sus cónyuges visiten a la Reina —ahora será al Rey— al ser nombrados en un destino. Así fue como tuve mi primera reunión con ella en 2008, cuando mi esposo fue designado Alto Comisionado Británico ante Sri Lanka. Recuerdo haberme sentido intimidada por las instrucciones acerca de cómo vestirme, qué decir, y cómo hacer la reverencia (practiqué con el espejo de mi dormitorio).

Mi propia audiencia con la Reina, al ser designada embajadora ante Portugal, no comenzó como tenía planeado. Me había caído de un caballo durante una competencia y había sufrido una compleja fractura de hombro. Me costó ajustarme al código de vestimenta del Palacio llevando un cabestrillo, ni hablar de las dificultades que experimenté para ponerme los indispensables guantes.

Pero mi lesión se convirtió en tema de conversación con Su Majestad, dado su célebre amor por los caballos. Durante nuestra charla, quedé impactada por la inteligencia y la perspicacia de aquella dama que en ese momento ya tenía casi 90 años. Estaba sumamente informada y tenía un gran talento para hacer que sus interlocutores se sintieran cómodos, además de un gran sentido del humor.

Cuando me estaba retirando, me hizo señas para que me volviera a acercar, asintió con la cabeza mirándome el hombro y dijo: ‘Para mí, la clave es ser muy cuidadosa al elegir qué caballo montar’. Siento que no sólo fue un gran consejo para la equitación, sino para la vida misma.

A partir de ahora, con el mismo compromiso, voy a prestar servicio a Su Majestad el Rey Carlos III. Ya ha demostrado su dedicación al servicio público, siguiendo los pasos de su madre. Ha alzado fervientemente su voz en importantes temas como el cambio climático, los jóvenes y el Commonwealth.

La Argentina tiene un lugar especial en su corazón, ya que ha visitado el país en 1999, y tanto él como su padre y sus hijos han disfrutado aquí de la pasión por el polo.

​Este jueves voy a asistir a la ceremonia conmemorativa de la vida de la Reina en la Catedral Anglicana de Buenos Aires y va a ser un orgullo entonar allí, por primera vez en mi vida, ‘Dios salve al Rey’ como nuestro himno.

*Embajadora de Gran Bretaña en la Argentina