por qué Nicolás Maduro finalmente no vino a la Argentina




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El presidente venezolano sólo va a países que considera amigos y, sobre todo, seguros.

El frustrado viaje de Nicolás Maduro a la Argentina hay que leerlo en varios tiempos y en distintas claves.

Pero sobre todo hay que tratar de entender qué temores oculta el jerarca chavista cuando la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela excusó este lunes la cancelación del viaje en el hecho de que fueron «informados de manera irrebatible (se entiende que por el gobierno argentino, que era su anfitrión) de un plan elaborado en el seno de la derecha neofascista, cuyo objetivo es llevar a cabo una serie de agresiones en contra de nuestra delegación encabezada» por el presidente venezolano.

Poco después, Maduro tuvo un gesto de plena simbología. Como rara veces hace precisamente por razones de seguridad, se dio un «baño» de masas en las calles durante un nuevo aniversario de la insurrección y golpe de Estado que derrocó la dictadura de Marcos Pérez Jimenez, y que el chavismo se apropió. En esa marcha sólo festejó que Argentina y Brasil hablen de una eventual moneda común. Nada más. 

A decir verdad, bien formado el chavismo en la metodología de seguridad y la inteligencia cubana, Maduro hizo lo que hace siempre hace y lo que hacía también en su momento Fidel Castro. Viaja a países amigos, o seguros.

Mientras tanto, en Argentina se habían acumulado denuncias, pedidos de indagatoria ante la Justicia por los presuntos crímenes de lesa humanidad en su represión de la oposición; rechazos de toda la oposición; anuncios de marchas a favor y en contra y para rematar, y sobre todo, como dijo un alto funcionario brasileño, «una candidata presidencial en armas».

Se refería -siempre en boca del funcionario brasileño- al miedo que le habría tomado Maduro a Patricia Bullrich, la presidenta del PRO, que fue escalando sus amenazas contra el venezolano hasta llegar a presentar un pedido de captura en su contra ante la Agencia para el Control de las Drogas de los Estados Unidos (DEA). Es incierto pero no se podría descartar entonces, que esta denuncia activara otras latentes en los Estados Unidos donde se lo acusa con otros jerarcas de formar parte de una banda «narcoterrorista».

Celos con la información y un clima adverso

La presidencia venezolana suele informar los movimientos de Maduro recién después de concretarlos. Y cancela sus planes sobre el final de los mismos cuando ven riesgos. Lo había hecho recientemente, cuando después de decir que iba a Brasilia a la asunción de Lula da Silva terminó ausentándose. En el caso de Argentina, donde este lunes debía reunirse con el presidente brasileño y el miércoles con Alberto Fernández, venía a participar de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

A decir verdad, estaba todo listo para que viniera. Le había confirmado al Gobierno argentino que era uno de los 16 asistentes a este foro que integran 33 países. Había enviado las respectivas avanzadas de seguridad, y su embajadora aquí, Stella Lugo, pidió garantías de que el avión de Conviasa que lo traslada no iba a ser embargado como le ocurrió al de Emtrasur en junio pasado.

Se suponía que estaba todo en orden e incluso las declaraciones de Alberto Fernández a Folha de San Paulo y este lunes junto a Lula lo consideraban bienvenido. Dijo que estaba «más que invitado», es un miembro de la CELAC.

Pero lo dijo cuando ya había un clima de adversidad importante hacia la visita. Aquí se enumeran:

– El 11 de enero la dirigente venezolana Elisa Trotta, que vive en la Argentina, condenó la «doble vara» de Alberto Fernández. «Mientras se rasga las vestiduras por asalto antidemocrático en Brasil, prepara la alfombra roja para recibir a un dictador investigado por crímenes de lesa humanidad en La Haya y narcoterrorismo en EEUU. No les importa la democracia, ni las víctimas», disparó.

– El 17 de enero diputados nacionales de Juntos por el Cambio presentaron proyecto para declarar «persona no grata» a Maduro.

– El 18 de enero, el llamado Foro Argentino por la Democracia en la Región (FADER) presentó denuncia penal contra Maduro, Díaz-Canel y Ortega para que la Justicia argentina investigue los crímenes de lesa humanidad cometidos en Venezuela, Cuba y Nicaragua. E hicieron una campaña de «Dictadores Nunca Más».

– El 19 de enero, Patricia Bullrich pidió que Maduro sea detenido si visitaba Argentina «tal como ocurrió con Pinochet en Londres, en 1998». El líder venezolano no tiene pedido de captura internacional alguno pero el mensaje de la ex ministra de Seguridad se replicó por el mundo entero. 

– El 20 de enero, jefe del Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, se reunió con miembros de la comunidad venezolana exiliados en Argentina. Y repudió la visita.

Además, dos venezolanos exiliados en Argentina, víctimas de persecución y torturas, se sumaron como querellantes en la denuncia presentada por FADER y pidieron a la Justicia argentina la indagatoria de Maduro.

Este es uno de los factores que también inquietaron al gobierno venezolano por lo incierto de la acción que recayó en el juzgado de Sebastián Casanello.

Trotta llamó a recordar las torturas documentadas por la ONU de las que se acusa al régimen de Maduro en Venezuela, incluidas descargas eléctricas en partes sensibles del cuerpo, golpes con palos y bates, asfixia con sustancias tóxicas, agua y bolsas de plástico; cortes y mutilaciones, incluso en la planta de los pies y debajo de las uñas; crucifixión, violaciones sexuales, entre otros.

Venezolanos, cubanos y argentinos protestaron en Retiro, frente al Hotel Sheraton, en repudio a la visita de Maduro y Díaz-Canel. Y habían convocado a marchar también este martes.

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