La mejor forma de proteger la clave de acceso a una billetera de criptomonedas


Los que incursionaron con las criptomonedas en sus inicios, y se lo tomaron seriamente ahora son millonarios. Aquellos que lo probaron y dejaron pasar, pensando que nunca tendría valor, perdieron una oportunidad única. James Howells, un australiano que minó bitcoins en 2013, lleva años buscando una fortuna a la que no le dio importancia.

Howells minó 7.500 bitcoins en solamente una semana. Le hizo gracia introducirse en ese mundo en un momento en el que prácticamente no se sabía nada de ellas.

Fue por simple curiosidad: no le dio importancia al posible valor que el bitcoin podría llegar a tener y se deshizo del disco rígido en el que guardaba las contraseñas de su billetera digital, en la que estaban las criptos minadas. Hoy, la cotización de esta criptomoneda está valuado en 48,573.14 dólares. 

Las contraseñas de estas carteras son muy complicadas de adivinar ya que constan de 64 letras y números. Así que, al no saberla ni tenerla apuntada en otra parte, lleva años intentando encontrar el disco duro para luego recuperar los datos.

James Howells llegó a minar 7500 bitoins, por un valor de casi 350 millones de dólares.

James Howells llegó a minar 7500 bitoins, por un valor de casi 350 millones de dólares.

Según relató, la desesperación por dar con esta clave lo hizo dejar el trabajo y hasta la pareja para recuperar los 350 millones de dólares que un día tiró a la basura.

En este escenario se enfrenta a dos grandes problemas: el basurero donde puede estar el disco duro es enorme; y, por otra parte, la intendencia de Newport (Gales del Sur) no le da los permisos para remover toda la basura, ya que eso conllevaría daños medioambientales.

Howells, en un intento de seducir a las autoridades, ofreció donar el 25% de la fortuna, si es que la encuentra, para luchar contra la pandemia de coronavirus en la ciudad.

James Howells ofrece donar el 25% de los bitcoins que minó a la intendencia de Newport.Foto: AFP.

James Howells ofrece donar el 25% de los bitcoins que minó a la intendencia de Newport.Foto: AFP.

Además, aseguró que la excavación irá a su cuenta y riesgo gracias a la ayuda de un grupo de inversores. Esta oferta también ha sido amablemente declinada.

Por lo tanto, este australiano deberá seguir negociando con el ayuntamiento y encontrar la oferta indicada para que de el brazo a torcer. Hasta que no obtenga la bendición del consistorio de Newport no podrá comenzar la búsqueda en el área delimitada donde podría estar el disco duro. Y tampoco quiere comenzar a minar de nuevo, pues hace años era mucho más sencillo y económico.

Gestores de contraseña: la solución

Para no caer en desgracia como el australiano James Howell, los passwords (contraseñas) pueden ser almacenados en gestores de forma segura con algún tipo de encriptación , y al que se accede con una «llave maestra» que solo el usuario posee. Es decir, solo hay que recordar una clave para tener acceso. 

Este tipo de programas, además, suelen facilitar la tarea de crear contraseñas seguras para cada sitio que visitamos, y es habitual que cuenten con extensiones para los navegadores más utilizados.

Contraseñas seguras. Los gestores suelen ser una buena opción para almacenarlas, sin necesidad de recordarlas.

Contraseñas seguras. Los gestores suelen ser una buena opción para almacenarlas, sin necesidad de recordarlas.

Asimismo, un buen gestor de contraseñas debería sincronizarse con todos nuestros dispositivos, y ofrecer algún tipo de autenticación multi factor, mediante la validación con el teléfono o a través de un token USB.

Otra de las razones tiene que ver con la creciente complejidad de las contraseñas. Cuanto más seguro un password, más difícil es de hackear. Pero también es difícil de recordar.

Y, por otro lado, es cada vez más difícil de recordar el creciente número de servicios que requieren una contraseña. Por eso, generalmente terminamos utilizando una misma clave para todo, pero de esa forma le estamos facilitando la tarea a los hackers.

Por último, es muy fácil adivinar una contraseña viendo a alguien escribirla en el teclado, y es lo que suele pasar si estamos en un lugar público, algo que aprovechan los hackers para luego robar nuestra identidad y cometer todo tipo de fechorías.

Con información de La Vanguardia.